sábado, 21 de julio de 2018

Diferencia real entre el karate y otros sistemas de lucha japoneses.

Como mencionaba en un tema anterior, el karate es un estilo que se diferencia muchísimo de la inmensa mayoría de sistema de lucha puramente japoneses, y en particular el Shotokan-ryu, estilo en el cual me centraré porque es del que más conozco, se diferencia especialmente del resto de estilos de karate, ya que ha evolucionado de forma diferente al resto de estilos de herencia puramente okinawense. Esta diferencia es visible tanto a nivel de técnicas como a nivel práctica física en ciertos ejercicios y elementos. Lo primero que debemos hacer, es establecer un poco cuales son los estilos de lucha japoneses generales o más conocidos principalmente.

Por un lado, tenemos diversos sistemas de lucha con arma con sus estilos y escuelas. De este modo, tenemos el kenjutsu, que es la esgrima japonesa, pero dentro del kenjutsu contamos con Jigen-ryu, Tennen Rishin-ryu, Niten Ichi-ryu, entre otros, unos más famosos y conocidos que otros. Dentro del ámbito de la espada también contamos con el Battojutsu/iaijutsu/iaido, y así con mil variantes según el modo de enfocar la esgrima, el tipo de espada usada (katana, wakizashi, nodachi, etc.) y otros mil elementos. Después tenemos otros estilos de armas como el kyujutsu/kyudo, que es la arquería, el naginatajutsu, que es el uso de alabarda y así con otros mil millones de armas.

Respecto a la lucha sin armas, en general en Japón, aunque existían mil escuelas, la mayoría de las veces nos han llegado con el nombre general de jujutsu/jujitsu/jiujitsu, destacando dentro de las escuelas el Daito-ryu aikijutsu, a partir del cual surgió el aikido de mano de Ueshiba Morihei. No se puede dejar de mencionar el heredero directo del jujutsu, el judo, creado por Kano Jigoro. Ajeno a esto, en Japón la mayoría de las veces se aprendían las técnicas cuerpo a cuerpo como un apartado más de la formación marcial en las escuelas de esgrima y solían recibir el nombre general de taijutsu, lucha cuerpo a cuerpo. Esto es lo que ocurre, por ejemplo, en el ninjutsu, sistema que, originalmente, se basa sobre todo en las técnicas de ocultación, espionaje y robo, aprendiéndose de forma accesoria, por si fuese necesario, el uso de armas y lucha cuerpo a cuerpo, además de aprender también la fabricación y uso de explosivos y diversos venenos, entre otros mecanismos para distraer y causar confusión. Y, finalmente, uno de los sistemas más famosos de Japón, principalmente por la apariencia de sus luchadores, el sumo, que de forma relativamente temprana evolucionó a una forma de deporte con parte ritual y tal y que, por lo tanto, no se enfocaba desde el punto de vista marcial para la lucha, aunque sí tenía una carga ritualística y artística muy fuerte.

A rasgos MUY, enfatizo, MUY generales, así se categorizan los sistemas de lucha japoneses. Los sistemas de lucha cuerpo a cuerpo japoneses destacan porque, aunque se aprende (aprendía, más bien) a golpear con puños y piernas, estos eran recursos esporádicos y poco usados. A fin de cuentas, ¿cómo vas a darle un puñetazo, o una patada, a alguien que porta una armadura y protección en el rostro? era más probable lesionarse la mano o el pie antes de conseguir romper su armadura, y requeriría un tiempo del que no se dispone en el campo de batalla.

Cabe apuntar que Japón es un país que, como poco, insisto en el "como poco", estuvo en guerra civil desde  1467 hasta 1615. Son casi 150 años, que se dice pronto. Es lógico asumir que sus sistema de lucha, tanto con armas como a mano vacía, evolucionasen enfocados a la lucha en el campo de batalla con armaduras y de más.

Por este motivo, el jujutsu y la mayoría de sistemas de taijutsu están principalmente enfocados y especializados no en el golpeo, a pesar de que lo aprendan, si no en las técnicas de luxaciones, proyecciones y ataques a puntos dolorosos no protegidos por las armaduras. Necesariamente, las armaduras debían dejar las articulaciones de todo el cuerpo móviles, por lo que cualquier guerrero era susceptible de que le luxasen una muñeca, un codo, una rodilla o cualquier otra articulación. A parte, aun llevando armadura, cualquiera es susceptible de ser, de algún modo, levantado del suelo y lanzado. Finalmente, ciertas zonas como axilas, partes del cuello, ojos y algunas zonas de cadera y piernas también tenían puntos débiles, por lo que ciertos ataques con las falanges de los dedos a esas zonas podían ser útiles también. En Okinawa, la historia era diferente.

Por un lado, Okinawa fue durante bastante tiempo un poco zona de huida para todo tipo de delincuentes, bandidos y asesinos. Cualquiera que en la isla principal de Japón dijese que venía o que había nacido en Okinawa era considerado al instante como un paria y alguien a quien tener miedo a partes iguales, y la vida en el archipiélago de las Ryukyu, nombre que recibía en aquel entonces, era extremadamente dura incluso para los aldeanos y campesinos. Esto fue así durante cierta parte del feudalismo.

El caso es que, evidentemente, en Okinawa existían personas normales, no sólo delincuentes. Era un reino y tenía sus campesinos y sus artesanos y su nobleza y todo eso. Durante un periodo bastante largo, cuando se consiguió unificar Okinawa bajo un sólo gobernante, para evitar alzamientos y movimientos en contra, se estableció un decreto de prohibición de armas. Aún así, era evidente que podía seguir habiendo bandidos y salteadores en los caminos y similares portando armas que atacasen a mercaderes y campesinos, por no hablar de que, al ser una isla, era fruto de ataques de piratas en ocasiones, de modo que los aldeanos y campesinos quisieron buscar su propio método para defenderse a pesar de no poder usar armas. Hicieron dos cosas:

Por un lado, comenzaron a aprender a usar el equipamiento del campo, las hoces, palos, pesas y de más herramientas, como armas, desarrollando lo que hoy conocemos como kobudo. Es curioso como, en Japón, los ninja hicieron algo similar a la hora de crear su arsenal, pues muchos venían de clase baja, campesinos y aldeanos.

Por otro lado, comenzaron la práctica de sus sistemas autóctonos de lucha de forma secreta, camuflándolo entre las danzas folclóricas de la zona, de modo que si inspectores de la corte pasaban cerca no lo identificase como técnicas de lucha. Este sistema era, estando en una isla y enfrentándose generalmente a piratas y bandidos, para defenderse de personas que no solían portar armadura, o al menos no armaduras completas, susceptibles a golpes de todo tipo, puños, codos, rodillas, pies... no sólo a luxaciones. Por otra parte, cuando comenzó a mezclarse con las técnicas de kung-fu aprendidas por los marineros chinos, el kung-fu es mayoritariamente un sistema de golpeo en la mayoría de estilos clásicos de la época. Esta es una de las primeras diferencias entre la lucha cuerpo a cuerpo japonesa y la okinawense, que el cambio de oponente implica un cambio radical en el enfoque del sistema en sí.

Cuando se dio la toma de Okinawa por el clan Satsuma, samurais hechos y derechos, con armaduras y, además, usuarios del Jigen-ryu kenjutsu, un estilo que ya era devastador en los campos de batalla contra oponentes con armadura, imaginad contra el pueblo okinawense, que sólo el ejército real portaba equipamiento bélico. Los okinawenses debían enfocar su sistema de lucha a la lucha contra guerreros fuertes, organizados, entrenados y, además, con armas y armadura. Pero no podían dedicarse a cambiar totalmente el enfoque de su sistema y especializarlo en luxaciones y agarres, eso requiere demasiado tiempo. Debían buscar el modo de que su especialidad, el golpeo (esto no significa que no tuviesen luxaciones y similares, las tenían, pero no eran especialidad. No era el objetivo), fuese efectivo contra gente armada y protegida. Esta, es la otra diferencia entre el karate y los sistemas de lucha japoneses. Buscaron el modo de usar técnicas de golpeo de forma eficiente contra gente armada y con armadura, en lugar de recurrir a luxaciones y proyecciones.

De este modo, en el karate empiezan a desarrollarse y especializarse diversos elementos como el tai sabaki, para esquivar adecuadamente ataques de espada y lanza, el método de lucha desde media-larga distancia, para que las armas no nos alcancen, las entradas fugaces y contundentes en la guardia del oponente, con golpes devastadores capaces de romper la armadura y después golpear sus cuerpos, y las salidas veloces retomando la distancia, para asegurarse de que un ataque a la desesperada o con espada corta no los alcanzaba. Aquí es donde se aprecia la especialización del karate, el modo de luchar tan característico y propio que, por norma general, no se ve en ningún otro sistema de lucha. De forma irónica, esos modos de lucha son, precisamente, característicos del Jigen-ryu, además de otros elementos como el deai (go no sen, sen no sen y sen sen no sen) que, al menos, Gigo incorporó al karate pero que, con total seguridad, en esta época ya estaban incluidos. Como digo en la publicación anterior, la teoría es que Matsumura había estudiado Jigen-ryu, pero mucha gente discrepa de esto (a fin de cuentas, ¿cómo vas a enseñar tu estilo de esgrima a la gente que estás invadiendo?). Quizá los mismos okinawenses aprendieron dichos conceptos de ver luchar a los samurai de Satsuma. O quizá fue simplemente una evolución propia del oponente que tenían y que ambos estilos se parezcan es mera coincidencia. Pero la gran diferencia viene ahora.

En Japón, la concepción de las artes marciales era tal que si estabas sano y fuerte para ser un guerrero, entonces podías entrenar, porque así te mandamos al campo de batalla, que es lo que hace falta. Si estás enfermo y/o eres débil de salud, entonces no entrenas, porque no tiene sentido que entrenes si no va a ser para ir a luchar. No sería hasta bastante más tarde, cuando empezasen los períodos de paz, que se tratase de enfocar ciertos estilos al desarrollo personal y a mejorar la salud.

En China, ya con la llegada de Bodhidarma al Templo Shaolin con Las 18 manos del monje y posteriormente con Zhang San Feng en Wudang, se habían desarrollado artes marciales que no sólo servían para luchar y defenderse de agresores, si no que además podías practicarlas para mantener la salud, recuperarte, fortalecerte y sentirte mejor. Eran sistemas que, realmente, podían practicar personas enfermas y de salud delicada para simplemente mejorar. Y esto es lo que llegó a Okinawa.

Estos estilos y ejercicios, estos conceptos de "realizando esta serie de movimientos diariamente, tu cuerpo se recupera, sana mejor y se fortalece" fue una parte importante de lo que arraigó en el tode/uchinadi. De ese modo, tenemos algunos kata como Sanchin o Hangetsu que son completa o parcialmente respiratorios, o kata como Jion y Sochin, que ayudan a desarrollar la fuerza física y el asentamiento al suelo, la estabilidad. Y, como estos, muchos ejemplos más. Sin tener que ir más lejos, el propio Funakoshi Gichin afirma que siempre fue un joven debilucho y enfermizo hasta que inició la práctica del karate, mediante el cual mejoró su salud y se volvió más fuerte. Funakoshi Gigo, su hijo, fue diagnosticado de tuberculosis con 7 años y se dijo que no pasaría de los 20. Vivió hasta los 39 años, siendo lo normal no pasar de los 24-25 años en aquella época con esta enfermedad, y ya en sus últimos años se dice que su vida se limitaba a estar en la cama todo el día, levantarse para entrenar y volver a la cama.

Esto es lo que hace tan diferente el karate de otros sistema de lucha japoneses, que en su desarrollo más básico traía incluido el elemento de que la práctica del sistema no sólo permitiese a alguien defenderse, si no que también sirviese para mejorar la salud y estar fuerte y sano, mientras que le resto de sistemas japoneses tuvo que hacer toda una readaptación a esto cuando se acabaron los períodos de guerra. Mientras que en Japón los sistemas de lucha se crearon y desarrollaron inicialmente para ser usados en la guerra, en Okinawa, casi desde el inicio, su sistema se vio mezcla de un sistema de lucha más civil (lo usaban los guardaespaldas personales del rey también, pero a fin de cuentas el luchar sin armas contra gente armada es propio de civiles, no de soldados) que militar y una serie de ejercicios para mejorar la salud y estado físico en general.

Evidentemente, este matiz no es exclusivo del karate. Como ya he dicho, esa particularidad le viene, precisamente, de los sistemas chinos que han estudiado tantísimos maestros durante toda la evolución del karate y que han ido aportando pequeñas cosas, además del intercambio cultural y marcial de los mercaderes okinawenses y chinos en sus inicios, por lo que la mezcla de "sistema de defensa civil" junto a "sistema de mejora de salud y físico en general" es algo que en China se da muchísimo, pero el hecho de que el karate, y en particular el Shotokan-ryu, además, evolucionase a un sistema de combate como el que tiene, dinámico, veloz, potente, enraizado y estable, demoledor, para enfrentar a un hombre desarmado y con ropa normal a un oponente con una espada larga y una armadura, la mezcla de esos tres elementos, es lo que hace el karate tan único en general y tan destacable dentro de los propios sistemas japoneses. Ni mejor ni peor, ojo, sólo único en general y destacable en lo referente a los sistemas japoneses.

miércoles, 18 de julio de 2018

Historia e influencias que recibió el karate desde su origen hasta hoy día.

Para hablar de las influencias del karate, es obligatorio hablar de la historia del karate en si misma.

Hay dos orígenes que en cierto momento se unen y dan lugar a lo que más adelante acabaría recibiendo el nombre de karate. Estos orígenes son China y Okinawa.

Para hablar del origen de China, tenemos que remontarnos aproximadamente al 500 d.C cuando el primer Bodhidharma llegó al Templo Shaolin y, al ver que los monjes, en pos de los rezos y meditación, habían descuidado su cuerpo, les enseñó una serie de ejercicios para mantenerse activos, fuertes y sanos, entre ellos uno en particular llamado "Las 18 manos del monje". Estos ejercicios acabarían derivando en lo que se conoce actualmente como kung-fu Shaolin, un estilo que, generalmente, es famoso por otorgar bastante resistencia y dureza física y que los ejercicios internos que tiene son enfocados a endurecer y fortalecer más el cuerpo por norma general.

Unos 800 años más tarde, uno de los estudiantes del templo, Zhang San Feng, abandona el lugar con la intención de estudiar otras vías marciales ajenas a la de Shaolin. Se dirige a un tempo situado en la montaña de Wudang. Aquí, se dice que encontró la inspiración para desarrollar ejercicios y trabajos más internos, centrados mucho más en la respiración y el ki y usando poca o ninguna fuerza física. Todo esto acabaría derivando en lo que hoy se conoce como Taiji quan (Taichi para los amigos), nucleo de la práctica marcial en Wudang, entre otros sistemas también menos internos.

Con respecto al origen de Okinawa, como cualquier otro pueblo sobre la tierra, los okinawenses desarrollaron sus propios sistemas de lucha y enfrentamiento tanto con armamento como a mano vacía. Este sistema era llamado por ellos "te", "mano". En algún momento, fruto del comercio con China, los marineros de una y otra región comienzan a intercambiar conocimientos, de modo que ciertos elementos de kung-fu comienzan a mezclarse con el "te" okinawense. Esto acabaría en el desarrollo de lo que hoy día se llama "Tode" o "Uchinadi", que significa algo así como "Mano china", cuyo mayor desarrollo fue en las ciudades de Naha, Shuri y Tomari.

Okinawa tuvo durante muchísimos años una prohibición de tenencia de armas, impuesta por su rey para evitar levantamientos y enfrentamientos entre las diferentes regiones de la isla. El caso, es que en cierto momento el Shogunato japonés permitió al clan Satsuma, de Kyushu, invadir la isla de Okinawa, que fue tomada con facilidad. Al final, el rey de Okinawa era una simple marioneta en manos del clan Satsuma, el cual perpetuó la prohibición de armas.

En este contexto, tanto el rey como la nobleza okinawense necesitaba algo con lo que defenderse tanto de los samurai de Satsuma como de las presiones de marineros y piratas de regiones occidentales que intentaban entrar en Okinawa.

Aquí, aparece la figura de Peichin Takahara, un monje budista maestro de tode que comenzó a enseñar a Santunuku Sakugawa. Este último, más adelante, estudió también el kung-fu de la Grulla Blanca bajo la tutela de Kong Su Kung, un dignatario chino. Como apunte, en honor a este dignatario, creó el kata Kusanku (forma de leer su nombre para los okinawenses), que más tarde se convertiría en Kanku y, por ende, en Kanku Dai y Kanku Sho en el Shotokan-ryu.

 El caso es que, posteriormente, Sakugawa acabaría enseñando su tode, con elementos ahora también del kung-fu de la Grulla Blanca, a Matsumura Sokon, instructor personal de la familia real okinawense.

Matsumura viajo a China para estudiar las artes marciales e incluso se dice que estudió en el Templo Shaolin, entre otros lugares. Se le considera autor de katas como Naihanchi (Tekki), Seisan  (Hangetsu), and Gojushiho, Chinto (Gankaku), Pinan Nidan, y Patsai (Bassai).

Algunos también afirman que era diestro en el estilo Jigen-ryu kenjutsu, estilo de esgrima usado por los samurai de la región de Satsuma, famoso por ser un estilo muy potente y feroz cuyos practicantes mataban de un solo tajo cortaba al rival del hombro a la cadera y que eran capaces de recorrer distancias relativamente largas (de 2 y 3 metros de distancia) a grandes velocidades y sorprender a sus rivales antes de lanzar su famoso tajo desde la guardia característica de estos, el hassou no kamae.

Aprendices de Matsumura fueron Azato e Itosu, también trabajadores de la corte real okinawense y, en el futuro, maestros de Funakoshi Gichin, entre otros.

Itosu se considera responsable de haber dividido Pinan Nidan en los 5 kata básicos (de shodan a godan) y Naihanchi/Tekki en 3 (de shodan a sandan), Kanku, Basai y Gojushiho en dos (Dai y Sho), de crear Chinte y Rohai, kata que después se convertiría en Meikyo. Incluso Enpi, se dice, puede seguirse el rastro hasta Itosu.

También cabe mencionar a Seisho Aragaki, otro maestro de tode y kobudo de la corte okinawense que estudió artes marciales durante sus viajes a China y que se considera creador de katas como Unsu, Nijushiho y Sochin (Al menos, el Sochin practicado en Shito-ryu. Con el de Shotokan-ryu hay discrepancias). Uno de sus alumnos de Kanryo Higaonna, fundador del Goju-ryu karate y principal aportador de la versión actual del kata Sanchin a todos los estilos de herencia okinawense, kata que se cree deriva de los ejercicios internos realizados en Wudang para mejorar la salud y el estado interno del cuerpo mediante la respiración.

Volviendo a la linea del Shotokan-ryu, Funakoshi Gichin estudió, primero, bajo la tutela de Itosu, pero posteriormente aprendió también de Azato e incluso Matsumura, entre algunos otros.

En cierto momento, Funakoshi viaja a Japón para presentar el karate ante la familia imperial japonesa. Dicha presentación es un éxito y, cuando vuelve para hacer más exhibiciones del arte okinawense, conoce a Jigoro Kano, fundador del judo, con el cual intercambia conocimientos y técnicas, además de adoptar tanto su uniformidad como su sistema de grados para el karate. De este encuentro surgen gran parte de las técnicas de proyecciones de las que consta el karate, plasmadas todas en el libro Karate-do: Kyohan de Funakoshi.

En cierto momento, su hijo Funakoshi Gigo asume la responsabilidad de impartir gran parte de las clases y realiza gran cantidad de modificaciones al estilo, creando y priorizando las posiciones bajas como fudou dachi e incluso creando gran parte del arsenal de patadas actual, como yoko geri (antes, yoko geri era un mae geri hacia el lado) o el ushiro geri hacia el frente, dando un giro (antes, ushiro geri se daba únicamente hacia atrás, sin girar para poder darla al frente), además del ura mawashi geri.

Enfatizó el hecho de atacar desde distancias largas, con pasos completos, el clásico oi tsuki e hizo desarrollo en los trabajos básicos de gohon kumite, kihon ippon kumite, jyu ippon kumite. Finalmente, creo el trabajo de jyu kumite (cosa que a su padre no le gustaba nada, pues afirmaba que, tal como él había aprendido, en karate sólo se peleaba para matar, no para hacer ejercicio o lucirse). También se le considera creador o gran aportador en la creación de los kata Taikyoku Shodan, Nidan y Sandan, Wankan y Ten no Kata. Profundizando en su conocimiento del karate, se dice también que viajó a Okinawa y que de allí se trajo algunos kata de bojutsu adaptados al karate (quizá, precisamente, alguno de los mencionados anteriormente) y el kata Sochin practicado en Shotokan-ryu, aunque esto último no está del todo corroborado.

Se cree que, en su investigación  del karate e intento de desarrollarlo, o bien descubrió la conexión de este con el Jigen-ryu kenjutsu (asumiendo que, efectivamente, Matsumura conociese este estilo) e intentó volver a traerla a flote o, en su defecto, lo estudió por sí mismo para tratar de incorporar ciertos elementos de este estilo al karate, motivo por el cual se enfatizó tanto el trabajo de técnicas más largas (oi tsuki) e incluso el uso de ciertas técnicas de mano abierta cuya preparación y desarrollo recuerdan a un corte de espada desde el hasso no kamae (shuto gamen uchi, en concreto), junto con el matiz del Shotokan-ryu de basarse en la distancia media-larga para hacer entradas rápidas, súbitas, potentes y letales en la guardia del oponente, realizar uno, dos, tres golpes y luego volver a salir de la guardia a una distancia segura, similar al modus operandi de los espadachines de Satsuma.

Durante el final del tutelaje de Funakoshi Gichin y todo el tutelaje de Funakoshi Gigo, estaba una figura que, en muchos círculos de Shotokan-ryu actual, se considera hoy día un paria. Esta figura es la de Kase Taiji.

Kase era hijo de un godan de judo, iniciando el aprendizaje de este estilo antes de tener 6 años, alcanzando hasta el rango de nidan. También, durante su niñez, estudió algo de aikido y kendo, pero con 15 años, tras leer uno de los libros de Funakoshi, decidió iniciar el entrenamiento de este bajo su tutela y, posteriormente, la de su hijo Gigo.

Durante su aprendizaje, fue instructor jefe europeo para la JKA e instructor de kumite de la federación. Entre sus alumnos se encuentran Enoeda y Shirai, dos figuras importantes en la historia del karate de la JKA.

Se dice que Kase fue uno de los que participó activamente con Gigo en el desarrollo del karate, el uso de nuevas posiciones más firmes, sólidas y potentes, la creación de las nuevas patadas y el sistema de kumite y enfrentamiento actual tan parecido al ya mencionado Jigen-ryu kenjutsu. Por esto, el karate de Kase se desarrolló manteniendo todos estos elementos hasta, finalmente, acabar desvinculándose de la JKA y creando posteriormente su propia rama de karate, el Kase-ha Shotokan-ryu Karate-do.

Finalmente, Gigo muere de tuberculosis siendo bastante joven y toma el relevo como cabeza del karate japonés Nakayama Masatoshi, karateka que había pasado muy poco tiempo entrenando con Gigo y que, además, pasó mucho tiempo en China y, para cuando volvió, Gigo ya había muerto o estaba a punto, no pudiendo ver y estudiar parte importante del trabajo que este aportó al karate, salvo ciertas evidencias, dando lugar finalmente a la JKA, la Japan Karate Asociation (Nihon Karate Kyokai) y al Shotokan-ryu que, generalmente, es conocido en la mayoría de sitios del mundo con la correspondiente evolución que ha tenido hasta el día presente, en gran parte como karate deportivo.

Tras ver toda la historia del karate y haber hablado de diferentes maestros de este estilo, podemos ver que, en realidad, el karate ha tenido una inmensa mayoría de su influencia en las artes marciales chinas. Desde su origen como tode por los marineros chinos, los guerreros okinawenses que viajaron a China y aprendieron, entre otras cosas, Las 18 manos del monje de Shaolin, quien aprendió el estilo de la Grulla Blanca, quien trajo como herencia de Wudang el Sanchin... Posteriormente, el Jigen-ryu kenjutsu, la influencia del judo tanto por lo aprendido por Funakoshi como la posterior aportación de Kase...

Es un estilo que ha bebido de gran cantidad de fuentes, pero lo que lo hace un estilo realmente tan diferente del estilo de estilos japoneses es, por un lado, que originalmente no es japonés, si no okinawense, un reino que era ajeno a Japón hasta ser conquistado, y por otro lado el tener tantísima influencia de estilos chinos, que tienen un enfoque diferente de las artes marciales al que se tenía en Japón en general y, por lo tanto, un objetivo diferente en la práctica. Pero sobre las diferencias entre el karate y el resto de estilos de lucha japoneses hablaré en otro artículo. Por ahora, mantengámonos en este.

Espero que el hilo os haya servido, tanto para ver parte de las influencias de las que bebe el karate (que, para comprender y mejorar el karate, puede ser productivo y bueno el estudiar dichos estilos, ya sea a nivel académico/literario o a nivel físico si fuese posible) como para tener una idea general de la historia del karate. También espero que no se haga muy coñazo la lectura, pues es un tema denso y largo con gran carga de nombres y de datos que entiendo puede hacerse pesados a muchas personas.

Dicho esto, muchísimas gracias a todos aquellos con paciencia para leerlo, espero os guste.

domingo, 15 de julio de 2018

Pensamiento interno o pensamiento externo.

Ojeando internet, aburrido, buscando cosas de forma relativamente aleatoria mientras me animaba a hacer algo, acabé llegando a unas cuantas de las famosas citas de Miyamoto Musashi. Hubo dos, en concreto, que llamaron mi atención. Fue así porque, de algún modo, me parecían un poco contradictorias de algún modo. Al menos, lo son si lo que expresan se desarrolla hasta cierto punto. Las citas fueron las siguientes:

- Piensa con ligereza sobre ti mismo y piensa en profundidad sobre el mundo.

- No hay nada fuera de ti mismo que pueda hacer mejor, más fuerte, más rico, más rápido o más listo. Todo está en tu interior. Todo eso existe. No busques nada fuera de ti.

La evidente contradicción que veo es que, por un lado, nos dice que debemos buscar más cosas en el mundo, en cómo funciona, cómo está formado, en qué se basa, e ignorarnos a nosotros, pues somos pequeños, efímeros, una mota de polvo en todo esto. Pero, por otro lado, precisamente nos dice que, a la hora de conseguir algo, de alcanzar algo, de lograr una meta, es en nuestro interior donde debemos mirar, donde se encuentra todo el potencial para alcanzar todo aquello que busquemos.

¿Como puede ser posible que debamos pensar con ligereza sobre nosotros pero, a la vez, que sea dentro nuestra donde debamos buscar lo que necesitamos para alcanzar nuestras metas y superarnos?

¿No significa eso, precisamente, que debemos mirar más en nuestro interior, pensar sobre nosotros, conocernos, entendernos, descubrir qué y quiénes somos? ¿No es eso, precisamente, pensar en profundidad sobre nosotros mismos?

¿Podemos ser capaces de sacar lo mejor de nosotros, todo ese potencial que nos permite superar la adversidad, los obstáculos, las taras que nosotros mismos y el mundo nos ponen por delante, pensando con ligereza sobre nosotros?

¿Se puede, tan siquiera, ser realmente feliz y saber lo que uno quiere y busca sin pararse a pensar en profundidad sobre uno mismo?

¿Se puede comprender y pensar realmente en profundidad sobre el mundo sin habernos intentado comprender a nosotros mismos?

Debemos suponer que el mundo, el universo, es más complejo y complicado de lo que somos nosotros mismos, ¿acaso podemos llegar a entender una ínfima o minúscula parte del mundo si no somos capaces de entendernos y conocernos a nosotros mismos? ¿O, quizá, al hacer el intento de vislumbrar y conocer algo tan grande como el mundo y el universo, es cuando acabamos adquiriendo la capacidad de entender algo tan ínfimo y trivial como nosotros?

Esperaba que, a medida que escribía esta entrada, el desarrollo del texto me llevase, al menos, a algún tipo de conclusión o respuesta, aunque fuese una breve y escueta, como un tentempié, pero... Veo que nada más que consigo más y más preguntas acumuladas.

¿Quizá precisamente, para Musashi, pensar "con ligereza" sobre uno mismo era pensar lo justo y necesario, entendernos y conocernos lo suficiente como para emprender el siguiente camino, que es alcanzar nuestra meta, sin más, y dedicarnos el resto del tiempo a pensar en el mundo?

¿O nada de esto tiene absolutamente nada que ver con lo que interpretamos y/o pensamos y, en realidad, quería decir algo totalmente diferente en alguno, o en ambos, casos?

Personalmente, esta entrada no me ha ayudado a llegar a ninguna conclusión satisfactoria. No sé si a quienes lo leáis os hará, tan siquiera, llegar al mismo nivel de duda e interrogante que acabo de llegar to. Si lo hace, quizá haya hecho algo bien. Si no lo hace, quizá precisamente seáis vosotros quienes estáis haciendo algo bien.

lunes, 9 de julio de 2018

Bunkai, ese pobre incomprendido.

Como practicante de karate, he visto muchos instructores y maestros tratando de descifrar el significado real de los kata, desentrañar el modo de aplicarlos de forma fidedigna y efectiva en lo que llamamos "bunkai".

Hay muchísima controversia en cuanto a esto. kilómetros y kilómetros de literatura sobre de qué modo se deben analizar los kata para sacar su bunkai. Al final, realmente, no creo que haya UNA forma correcta de aplicar el bunkai, pero sí creo que hay un modo de analizarlos y estudiarlos para sacar un bunkai práctico y efectivo.

Esto quiere decir que, aunque no considero MI forma de aplicar TAL parte de un kata como la única correcta y verdadera, sí hay modos que los considero, cuanto menos, poco prácticos e incluso absurdos en cuanto a la filosofía y objetivo del karate como arte marcial. Algunos ejemplos de esto es, por ejemplo, aplicar una parte de un kata que es únicamente un movimiento de defensa como, precisamente, un movimiento de defensa y nada más. Personalmente, pienso que si en el kata hay sólo un movimiento de defensa (por poner ejemplos, el final de Heian Nidan, que tiene únicamente gedan barai y age uke) es porque o bien en el bunkai hay que aplicar un contrataque añadido a dicha defensa o porque dicha defensa puede aplicarse también como un ataque, luxación o proyección, cosa que puede hacerse en el 99% de los casos, ya que desde la filosofía y objetivo del karate es absurdo realizar un simple movimiento de defensa y dejar al oponente ahí, tan tranquilo, con su ataque defendido pero nada más. Lo lógico y natural es eliminarlo de algún modo, aunque en el kata no se muestre de forma específica.

Pero, en vez de seguir plasmando nada más que mi opinión sobre esto, voy a exponer una serie pautas y elementos que se muestran en el libro "La vía del kata" de Lawrence A.Kane y Kris Wilder, un libro que recomiendo encarecidamente a todo karateka, e incluso cualquier artista marcial cuyo sistema tenga kata, pumse, puños o formas de cualquier tipo, ya que da una visión brutal y súper buena del kata y de cómo analizarlo y estructurarlo.


1- Que no te engañe la regla del enbusen:

Aunque a la hora de realizar un bunkai, sobre todo si realizamos el kata entero en bunkai, se prefiere y queda estéticamente mejor si conseguimos mantener la máxima fidelidad del enbusen del kata, esto no es realmente necesario. Podemos modificar ligeramente las direcciones a las que se apunta o incluso desplaza en ciertos movimientos, o modificarlas totalmente. También, a la hora de realizar el bunkai, se pueden realizar las técnicas alternando libremente entre la versión omote, ura y go del kata. Por ejemplo, podemos aplicar el movimiento 3 del kata X en omote, pero el movimiento 4 aplicarlo según la versión go del kata y el 5º movimiento o técnica realizarla según la versión ura, según convenga al pragmatismo y efectividad de la técnica o de nuestra versión del bunkai.


2- Las técnicas ejecutadas en avance implican un ataque, mientras que las técnicas ejecutadas en retroceso implican defensa.

Esto significa que, aunque en el kata se realice un age uke o un uchi uke avanzando tal cual sin ningún tipo de contraataque, esa técnica se debe aplicar como un ataque o luxación. Se puede hacer de mil modos. Incluso, se puede aplicar como ambos utilizando el kamae del hikite como una defensa, en lugar de como un kamae tal cual, y la defensa en sí misma como el ataque. Por ejemplo, en age uke, antes de realizar la defensa en sí, alzamos el brazo contrario con la mano abierta, para luego bajarlo a la cadera y levantar el brazo que realmente defiende. Podemos utilizar esta mano para defender el ataque del oponente al tiempo que avanzamos para, al finalizar el desplazamiento, convertir el brazo que defiende en un brazo que ataca, ya sea modificando el age uke por un ataque de enpi o, directamente, realizando el mismo movimiento de age uke pero para golpear con el antebrazo en el cuello o barbilla del oponente. Esto se puede buscar y aplicar con cualquier defensa, a la vez que se puede añadir alguna técnica intermedia extra por el bien de la efectividad del bunkai, modificando ligeramente el kata en sí mismo.


También cabe apuntar que, como he dicho antes, los movimientos del bunkai se pueden realizar tomándolos del kata en omote, en ura o en go, por lo que un movimiento que en el kata original era avanzando, en la versión go del kata sería retrocediendo y, por lo tanto, aplicable como una defensa sin problema alguno. Eso sí, requeriría añadir un contraataque posterior o algún tipo de golpeo.

3- Solamente existe un enemigo.

Esto no significa que el kata esté enfocado para luchar contra una sola persona, como mucha gente afirma. Es absurdo pensar que, dirigiéndote el kata a diferentes direcciones, la idea es que el mismo oponente te ataque desde todas ellas. Esto quiere decir que, incluso si nos vemos atacados por varios oponentes, intentar enfrentarse a todos a la vez es absurdo. Si nos rodean 5 personas, debemos elegir uno, uno de ellos, y centrarnos en acabar con él mientras evitamos y dificultamos los ataques de los demás, por ejemplo adoptando posiciones estratégicas o haciendo que unos se interpongan en el camino de otros, lugares estrechos, etc. Evidentemente, existen situaciones, contextos y excepciones, que hayamos decidido ocuparnos del oponente A no implica que si vemos una oportunidad clara y buena de acabar con el oponente B no la aprovechemos, simplemente significa que no debemos obcecarnos con enfrentarnos a todos a la vez y luchar con todos, si no tratar de centrarnos, enfocarnos y ser efectivos.


4- Todos los movimientos que hay en el kata tienen un significado marcial y por lo tanto son efectivos en una lucha real.

Sea cual sea el movimiento, por absurdo o penoso que parezca, tiene un modo de interpretarse y aplicarse que lo hace útil, práctico y efectivo en una situación real. Movimientos que parecen absurdos o de poca interpretación como, por ejemplo, la secuencia de fumikomi geri en Heian Sandan, pueden ser desde, efectivamente, pisadas potentes a la rodilla del rival, hasta rodillazos al cuerpo en un clinch similar a los de thai boxing o defensas de patadas bajas con la tibia como hacen en full contact o thai boxing. O movimientos como el final de Hangetsu, en nekoashi dachi, aparentemente poco significativo, puede ser un sprawl ante alguien que trata de entrar a agarrarnos las piernas o un agarre a alguien para arrastrarlo al suelo, entre otras mil cosas.



5- La mano que queda recogida, normalmente sujeta algo.

Una de las grandes guerras contra el karate suele ser el tema del hikite, la mano que retrocede siempre que se aplica una técnica, ya sea de ataque o de defensa. Por un lado, vamos a analizar este concepto tal cual. La palabra "hikite", 引手 en japonés, hace referencia al concepto de agarrar, algo que sujeta, que tira. Con esto claro, parece lógico el hecho de que esa mano, precisamente, en la mayoría de técnicas tiene, como objetivo, sujetar algo, ya sea un brazo, la solapa/ropa, el pelo o el cuello del rival para tirar de él, al tiempo que la otra mano realiza otra técnica, que suele ser simultanea (si tiras de la solapa de alguien hacia ti al tiempo que con la otra mano lanzas un puñetazo a su cuerpo o cara, el poder destructivo del golpe aumenta de forma evidente), además de poder usarse para hacer proyecciones, luxaciones y otras muchas cosas más según la técnica que estemos realizando.

Ahora, más allá de esto, y de nuevo entrando en la reinterpretación y estudio del kata, en muchísimos casos tampoco es estricta y forzosamente necesario usar el hikite para tirar del oponente. Ni siquiera es necesario hacer siempre hikite. En niveles avanzados de karate, comienza a ser necesario el uso del kamae. No el kamae como la "guardia básica estándar" de karate, con los puños al frente, si no el kamae como concepto, la preparación y guardia de las manos en diferentes contextos, preparándose para realizar otras técnicas a continuación de la que realizamos inicialmente, manteniéndola ya preparada para actuar, (por ejemplo, en el mismo instante que lanzamos un oi tsuki, extender el otro brazo hacia atrás para rápidamente lanzar un gyaku haito, o en lugar de extenderlo hacia atrás extenderlo arriba para continuar con shuto gamen uchi.

También, el brazo puede limitarse a controlar alguno de los brazos del oponente más susceptibles de contraatacar o de intentar defenderse de nuestra técnica. Hay mil y un usos para la mano que no realiza la técnica elegida, no simplemente ir a la cadera para dar "fuerza" al golpe, ni solamente agarrar al rival y tirar de él. Hay que aprender a desarrollar potencia de golpeo sin necesidad de tirar del hikite, y aprender a dar usos a la mano libre al tiempo que atacamos o defendemos con la otra.


6- Utiliza la distancia más corta entre tú y el oponente.

Aquí, hace referencia a golpear o defenderse del oponente con el miembro más cercano a él y/o hacerlo de forma directa, de modo que la distancia a recorrer sea menor y tengamos más posibilidades de alcanzarle. Aún así, personalmente, creo que más bien se refiere al uso de la estrategia que implique "menos distancia" entre tú y el oponente. Por ejemplo, lo lógico es pensar que mi brazo adelantado será el más cercano al oponente, pero según qué estrategia y técnica utilice, quizá sea más apropiado y facilite más el alcanzarle con un ataque el defenderse con el brazo atrasado, de modo que contraataquemos con el adelantado.

También, pienso que puede hacer referencia, además, al uso del hente, el contraatacar usando el mismo brazo que defiende, por ejemplo, por ejemplo realizando un chuudan tate tsuki con el mismo brazo que acabamos de realizar un age uke, o un yoko enpi uchi o kizami tsuki tras un shoto uke usando el mismo brazo. Esa, es la distancia más corta, pues es el brazo más cercano al rival y, además, ya está prácticamente dentro de la distancia de este.


7- Controla la cabeza del oponente y le controlarás a él.

Es un punto relativamente sencillo y lógico. Los kata están llenos de técnicas de ataque a nivel joudan, golpes, ataques a ojos, cuellos, agarres, incluso ataques a la nariz, a los orificios de la nariz. Controlar su cabeza, que es la que le permite ver, pensar, percibir y mantenerse consciente y estable, es lo que nos dará control sobre él, permitiéndonos acabar de forma rápida y efectiva una confrontación violenta.


8- No existen los bloqueos.

Al final, la evolución natural de los bloqueos es que todos deben acabar siendo ataques. Ataques a diferentes partes del cuerpo según la distancia en que la apliquemos y el deai que apliquemos. Así, si queremos usar shoto uke, podemos atacar directamente el torso del oponente, golpeando con el antebrazo su clavícula usando sen sen no sen, es decir, anticipándonos incluso a su intención de atacar. Si realizásemos sen no sen, donde el rival está más cerca pero aún no ha lanzado su ataque, podriamos lanzar el shoto uke directamente a su rostro, de nuevo a la clavícula o incluso al hombro del rival. Si se aplica en go no sen, cuando ya su técnica está lanzada, es tan simple como golpear su brazo, pero el objetivo no es defender y/o apartar su puño, el objetivo es golpear su antebrazo para partirlo, como un palo de hierro golpeando una varilla de madera. De ese modo, cualquier defensa, cuando se aplica del modo adecuado y con el kime suficiente, deja de ser defensa para ser un ataque, un ataque a la cara del rival, al cuerpo del rival o a las armas del rival, es decir, sus brazos y piernas.


9- El kata muestra los ángulos correctos.


Hace referencia a las direcciones en que lanzamos las técnicas con respecto al oponente, o incluso la distancia en que nuestras manos están del cuerpo en tal o cual técnica nos dan una idea de la distancia a la que debe encontrarse el rival para realizarla. Aún así, personalmente pienso que es algo orientativo y que puede ser perfectamente susceptible de cambio o modificación, ya sea en pos de la efectividad de la aplicación o en pos de algún trabajo específico a realizar.


10- Tocar nuestro cuerpo en el kata nos indica tocar al enemigo.


Esta afirmación hace referencia a movimientos como sasae/morote uke, que refuerzan la defensa empujando la mano que realmente defiende, entre otros. Hace referencia a que esa mano, realmente, no está pensada para que en la aplicación se deje ahí, si no que debe buscar al oponente, para agarrarle, luxarle o cualquier cosa similar. Aún así, personalmente, creo que bloqueos de ese estilo son útiles si el ataque del rival es extremadamente potente o pesado y no tenemos forma real de esquivarlo, o incluso si esquivándolo requerimos defensa y apoyo de la defensa, aunque dicha defensa nos deje con ambos brazos ocupados.


11- Delinea el cuerpo del enemigo-golpea suave con duro y duro contra suave.


Es algo simple, y lógico. Cuando el rival nos ataque, usemos las partes duras de nuestros brazos contra las blandas de sus brazos y piernas, y cuando ataquemos nosotros, usemos las partes duras de nuestros brazos y piernas contra las blandas de su cuerpo. Cuello, sienes, ojos, costillas flotantes, nariz, testículos, articulaciones... Todos esos puntos son nuestros objetivos, zonas que no pueden entrenarse ni endurecerse, que son susceptibles hagamos lo que hagamos.


12- No existe la pausa.


En el kata hay pausas para mantener un ritmo, permitir al practicante cierto descanso y claridad, separar una sección del kata de otra e incluso enfatizar ciertas técnicas o movimientos para indicar que hay algo relevante o especial con esa parte. Lo mismo ocurre con los movimientos lentos, incorporados por estética, descanso o por mero ejercicio respiratorio. La aplicación de dichos movimientos, ya sea una técnica aislada o una sucesión de ellas, no entiende ni conoce de pausas o lentitudes, todo debe ser continuo, súbito, potente y directo. No cabe aplicar en un bunkai el haiwan uke de Heian Sandan, tras los fumikomi geri, despacio, pues busca ser o una defensa a un ataque o un ataque al rostro del oponente.



Los planteamientos que sugieren todos estos puntos es algo que, de forma natural, solemos hacer en Kase-ha Shotokan-ryu, pero que por norma general no se realizan en muchísimos estilos y escuelas de karate. Es muy común ver instructores de karate que se obcecan en realizar un bunkai que replique literal y fielmente cada movimiento del kata, sin pararse a pensar en nada más allá, sólo viendo lo superficial, o evidente, lo banal, incluso aceptando bunkai básicos y generales que, en su momento, se plantearon y crearon para grados bajos, kukyu, hachikyu, nanakyu incluso... Para introducirlos en el concepto de bunkai y facilizar su aprendizaje, en lugar de tratar de analizarlos, ir más allá y desenredar los secretos que guardan detrás.


Es la misma gente que se niega a aceptar cosas como que el karate tenga técnicas consideradas más "sucias" o "duras" propias de deportes de contacto como codazos o rodillazos, o cabezazos incluso porque "practicamos un arte, estilamos la finura y la honorabilidad, eso es de sucios". La misma gente que se niega a aceptar que el karate, y cualquier arte marcial, por muy bellas palabras que se usen para describirlos, son artes de matar, concebidos para que, cuando nuestra vida o la de otra persona esté en juego, responder en la medida adecuada y al coste que sea necesario. Y todos esos mecanismos pueden sacarse del kata. Desde técnicas propias de las MMA como rodillazos en clinch, sacado de Heian Sandan o de Bassai Dai, o sprawl, sacado de Hangetsu, hasta técnicas aplicables en la defensa de suelo al más puro estilo jiujitsu brasileño usando kiba dachi y el kata Tekki Shodan.


El karate y sus posibilidades está completa y totalmente escrito en los kata, y el bunkai es el códice que usamos para traducirlo y entenderlo. Lo que hay es que saber hacer un buen uso de dicho códice y tener la mente abierta, en lugar de obcecarnos con las superficialidades.

martes, 3 de julio de 2018

La superioridad moral y existencial de los artistas marciales.

De un tiempo para acá, ando encontrándome por internet imágenes y comentarios que hacen un alarde brutal de una especie de sentimiento de superioridad moral y existencial por parte de los artistas marciales con respecto al resto de mortales que habitan este mundo. Hablo de imágenes como estas dos:


Son imágenes que, siendo sincero y hablando rápido y mal, me inflan muchísimo las pelotas, así tal cual. Me las inflan porque, de algún modo, el principal y más importante mensaje que se transmite en las artes marciales, la humildad, es pisoteado, meado y cagado encima con este tipo de comentarios.

Se ha desarrollado una especie de sensación de superioridad existencial en la cual aquellos que practicamos artes marciales tradicionales estamos en un escalón moral superior al de cualquier otro luchador o deportista del mundo, que tenemos acceso a un nivel y conocimiento de la moral y la ética al que nadie más tiene acceso y nunca lo tendrá salvo que se meta a practicar karate, judo, aikido, kung fu o alguna chuminada similar.

Después, cuando alguien les dice "pero el de MMA/Full contact/Kick boxing/BJJ/Sistema de lucha combativa X luego te coge en combate y te parte la vida entera" y dicen "pero porque son brutos, carentes de arte y de finura, unos borricos, no entienden la verdadera magia de las artes marciales y sólo saben pelear como animales, lo nuestro es un arte" y justifican así su propia inutilidad y estrechez de miras.

Si queremos comparar un arte marcial con un deporte estándar, si queremos ser honestos y hacer una comparativa justa y lícita, de entrada, no podemos compararlos tomando el prisma de uno de forma interna (lo que suele ocurrir en los entrenamientos, lo que imparte el entrenador, lo que está escrito en el papel sobre los valores que transmite, etc) y el del otro en forma de espectáculo (lo que ocurre cuando dicho deporte se lleva a los medios y se hace primar cierta competición entre los participantes y se busca un ENTRETENIMIENTO DE MASAS principalmente), porque es como comparar dos platos de comida, uno hecho en una pequeña venta en un pueblo que lo que quiere es que los clientes queden llenos y satisfechos a un precio asequible y otro plato de alta cocina donde prima la presentación y estética de este y no lo nutritivo que sea. Es absurdo, porque es comparar dos cosas que tiene poco que ver, igual que comparar un coche con un armario.

Si queremos comparar el fútbol, o cualquier deporte, con un arte marcial, lo honesto es tomar los entrenamientos de fútbol de gente que lo practica por pasión o por entretenimiento, gente que no se dedica profesionalmente a ello, ver qué les enseña su entrenador, cómo juegan en equipo, cómo se apoyan, etc. O, en su defecto, coger el arte marcial que sea y tomar su vertiente de espectáculo, esas competiciones y torneos que tan poco se televisan y en las que prima ganar la medalla de turno. Ahí, podemos hablar de una comparativa justa.

Y, comparándolos así, ¿sabéis qué veo yo? Veo que hay personas que juegan a fútbol, a baloncesto, a voleibol, con tantos principios, ética y moral, o más, que muchos "artistas marciales" que he conocido, muchos practicantes de judo, aikido, karate y kung fu, entre otros. Más honestos, más legales y más correctos. Y sí, más respetuosos y más educados. ¿Sabéis qué más he visto? He visto a un campeón de kumite, nada más conseguir el punto que le daba la victoria, darle la mano al oponente y después pasar tres carajos de saludar al árbitro, al jurado, y ponerse en mitad del ring a bailar el Gangnam Style, a modo de mofa y cachondeo no sólo hacia su rival, si no hacia todo el mundo allí presente. Y hablo de Este video del hipervínculo en concreto, o este, ya que el tipo no se contenta con hacerlo una sola vez, si no más de una.

También he oído a entrenadores de karate (porque me niego a llamarlos "sensei" o "shishou" o "maestros") decirles, antes de un torneo, a sus alumnos, "Nada más empezar el combate, suéltale una patada fuerte en la pierna, en el cuádriceps. A ti te harán una amonestación, pero él ya estará con esa pierna tocada para el resto del combate y podrás ganarle si problemas".

También he visto a instructores de kung fu/xanda alardeando, en un curso multidisciplinar, de los puntos que consigue en torneos usando tal o cual técnica o combinación, en lugar de limitarse a impartir su parte del seminario de forma simple y sencilla.

He visto a practicantes de mil estilos dar un golpe lesivo, queriendo o sin querer, al oponente y, en lugar de acercarse a ver si están bien, pasar del tema y alejarse un poco y quedarse mirando, como si no fuese con ellos.

¿Sabéis qué más he visto? A futbolistas, jugadores de baloncesto, de voleibol, que nada más acabar el partido van y estrechan la mano de todos los del otro equipo, incluso saludar al árbitro, y ajeno a celebraciones típicas y estándar de un gol, canasta o punto conseguido, propios de la alegría, ninguna salida de tono o acto fuera de lugar. He visto a deportistas agacharse a comprobar si alguien del equipo contrario al que han golpeado sin querer se encontraba bien.

Todos esos actos irrespetuosos y deshonrosos he visto en artes marciales, a nivel interno y a nivel de espectáculo, y todos esos actos respetuosos y honorables he visto tanto a nivel interno como de espectáculo en los deportes típicos.

Si ya nos metemos en el tema de artes marciales VS deportes de contacto, la cosa no mejora. Como comenté anteriormente, al parecer los deportistas de contacto son poco menos que animales, cabras y gallos de pelea que sólo saben meterse en una jaula y soltar mamporros hasta que uno acaba desmayado y otro cubierto de sangre, sin más. Los artistas marciales, por el contrario, al parecer somos súper refinados, precisos, meamos colonia, cagamos purpurina y nuestros pedos huelen a ambientador de pino para el coche. Al parecer, aquí hay muchos que no son mínimamente conscientes de que las artes marciales, al final, son el arte de matar. Estamos en tiempos de paz, tiempos en los que no hace falta matar a nadie y que principalmente se entrena para el desarrollo personal y todo eso, pero en última instancia las artes marciales se practican y se crearon para matar.

Algunos me replican, al afirmar esto, con que las artes marciales se crearon "para defenderse en caso de necesidad, no para matar". Me gustaría saber cómo se cree esta gente que era la vida cuando todos estos sistemas de lucha se crearon. ¿De verdad creen que, allá por el año 1300, cuando ibas por un camino de arena con tus cargamentos y te asaltaba un bandido, "defensa propia" significaba darle dos tortas al bandido y que este se fuese a su casa llorando? No, en esa época, "defensa propia" significaba, con bastante seguridad, tener que matar al otro, porque si no te mataba a ti. Y así se crearon absolutamente todos nuestros sistema de lucha, todos esos que ahora se nos llena la boca de decir lo honorables y lo precisos y pacíficos que son, todos tienen el jugo de que son artes para matar en su esencia.

Tampoco parecen recordar todos estos puritanos las antiguas competiciones de karate, esas primeras competiciones en las cuales la mitad salían del torneo sin dientes, narices rotas e incluso articulaciones dislocadas. Esos torneos, la mayoría ilegales, que hacían entre universidades, por el honor de su universidad, en sótanos y edificios abandonados. Combates sin protecciones, combates en los cuales, al igual que los anteriores, aunque el instructor o senpai dijese "sin contacto", se sabía que, en realidad, estaba diciendo "pártele la vida, por el honor de nuestra universidad". Eso se hacía y era normal en nuestros honorables y éticamente inmaculados estilos de artes marciales tradicionales.

Y lo peor del asunto es que estas actitudes de superioridad no se limitan a las artes marciales con respecto al resto de deportes, si no que también se dan entre ellas. No es raro ver practicantes de aikido alardeando o luciendo su precioso estandarte de que practican auténtico budo, "el arte marcial de los samurai", como si fuesen el único estilo que, realmente, viene de ahí y que promueve el budo. Han monopolizado el concepto de budo como propio, y todo lo que no sea aikido es indigno, de algún modo, de ser llamado budo. Me gustaría ver qué cara se le queda a todos estos que gritan a los cuatro vientos que el aikido es el arte marcial de los samurai (he llegado a oír a gente afirmar que, cuando el samurai perdía su espada, hacía aikido) cuando, tras informarse un poco (no hace falta buscar mucho), descubran que los samurai desaparecieron en 1868, mientras que el aikido se fundó entre 1930 y 1960. Hay unos cuantos añitos de por medio como para afirmar que los samurai, en las guerras, usaban aikido (que la última guerra de samurai fue el final del Sengoku Jidai allá por 1568. A partir de ahí, todo fueron períodos de paz hasta la llegada de la era Meiji en 1868).

Y, peor todavía, dentro de un mismo arte marcial la diferencia de estilos crea esta clase de trifulcas. No es raro ver a practicantes de karate de la Nihon Karate Kyokai (JKA) hablar de lo indignos, brutos  y desconocedores del verdadero budo y karate que son los practicantes de Kyokushin-ryu o de Kase-ha Shotokan-ryu.

Queda bastante claro que es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno pero no tanto ver la viga en el propio. Quizá, toda esta gente que alardea de los valores y principios morales que imparte y transmite su sistema o escuela, debería dejarse de buscar tantas cosas malas que tiene todo aquello que no practica y hacer introspección, tanto en sí mismo como en sus propios sistemas, y asegurarse de que aquello de lo que tanto presume no es una carencia en realidad. También, digo yo, sería conveniente dejarse de criticar sistemas, estilos, deportes, colectivos y grupos en general y pasar a criticar simplemente a personas, individuales, actitudes concretas que comete tal o cual persona, en lugar de tal o cual colectivo, porque como llevo exponiendo un buen rato... Ni los unos son tan buenos ni los otros son tan malos.

sábado, 23 de junio de 2018

Primeros auxilios básicos para las AAMM.

Esta entrada voy a dedicarla un poco a los primeros auxilios en las artes marciales, ya que parece haber gran cantidad de dudas sobre qué se debe o no se debe hacer ante ciertas situaciones, golpes y lesiones.

Cabe apuntar que, como indico en el título, esto trata sobre primeros auxilios básicos, no sobre resucitar a alguien en parada o cómo hacer una traqueostomía de urgencia. Hablaré de cómo tratar las típicas contusiones, fisuras, heridas o golpes que solemos recibir durante el entrenamiento, tanto en el instante de sufrirlas como, en algunos casos, los días posteriores hasta su recuperación.

De las cosas más comunes que solemos sufrir suelen ser golpes. De todo tipo. Puñetazos en la cara o costillas, golpes en antebrazos y tibias cuando nos hacen un bloqueo, golpes del pie o tibia en codos al intentar encajar una patada... Y, según lo que practiquemos, podemos recibir incluso codazos y rodillazos en la cara.

En general, cualquier golpe que recibamos que no causa ningún tipo de lesión abierta (es decir, un corte) tiene, como protocolo, aplicar frío en la zona en el plazo de las primeras 8 horas desde que se produjo el trauma. Se puede aplicar un spray de frío estilo cloretilo, usar una de esas bolsas con líquido azul congelada o, simplemente, coger cualquier cosa del congelador envuelto en algo a modo de protección, y colocarlo en la zona golpeada. Esto sirve para tibias, antebrazos, costillas e incluso la cara. Si, además, podemos aplicar de algún modo presión en la zona (presión, no masaje, ojo), esto sobre todo en antebrazos, tibias, pies y manos, zonas propensas a inflamarse mucho con los golpes, mejor. Podemos rematar la faena aplicando, además, alguna crema antiinflamatoria de diclofenaco o similares, rollo Voltaren o Reflex, aunque esto no es tan necesario si hemos aplicado frío y presión de forma adecuada.

Este, es el mejor modo de actuar ante cualquier golpe que recibamos entrenando que sea propenso de inflamarse y de causar hematoma. Si lo pillamos a tiempo y adecuadamente, con suerte ni siquiera saldrá hematoma y simplemente tendremos algo de dolor durante un par de días.

Esto también es aplicable a cualquier tipo de torcedura o incluso si sufrimos alguna fisura, porque también evita la inflamación de la zona y reduce el dolor.

¿Por qué aplicamos frío en estos casos? Al sufrir el traumatismo, lo que suele ocurrir es que se rompen vasos sanguíneos de la zona que hacen que la sangre se extravase y llegue a los tejidos, motivo por el cual la zona se inflama y se pone morada. Al aplicar frío, los vasos sanguíneos se estrechan y cierran, reduciendo el flujo de sangre por estos y, por lo tanto, la cantidad de sangre que se extravasa, al tiempo que, además, hace que los tejidos de la zona (musculatura y de más) también se contraigan y cierren, bloqueando el paso de la sangre a través de ellos. Esto, acompañado de la presión antes mencionada, consigue que la cantidad de sangre extravasada sea mínima y, por lo tanto, podemos conseguir que no haya nada, o apenas nada, de inflamación y de hematoma tras recibir un fuerte golpe. Además, como dije antes, el frío insensibiliza la zona reduciendo el dolor.

¿Que hemos aplicado frío y presión y aún así tenemos hematoma y/o inflamación, o simplemente no pudimos aplicarlo en el momento? No hay problema. Como he dicho, ese es el modo de actuación dentro de las primeras 8 horas de haber recibido el trauma. A partir de las 8 horas, los vasos sanguíneos ya no están soltando sangre, se han regenerado y lo único que queda es la acumulación de líquido dentro de los tejidos que queremos que se vaya. ¿Qué debemos hacer? El proceso opuesto.

Necesitamos aplicar calor. Atención, debemos aplicar calor SECO. ¿Qué significa esto? Que no vale ducharse con agua caliente y dejar la alcachofa de la ducha apuntando a donde nos dimos el golpe, o llenar una palangana de agua y meter la mano. Debemos calentar algo, una toalla, una de esas bolsas de líquido azul, una manta térmica... Un objeto calentado, no introducir la zona del trauma en agua. Calor, acompañado de un poco de masajeo de la zona (esta vez, sí aplicamos masaje en lugar de presión) si no duele demasiado nos ayudará a reducir la inflamación acumulada y el hematoma en poco tiempo. De nuevo podríamos recurrir a alguna pomada antiinflamatoria (que podríamos aprovechar su aplicación para dar le masaje) para que sirva de apoyo al proceso, pero no es algo realmente necesario.

¿Por qué usamos calor esta vez? Como he dicho, los vasos sanguíneos ya no están rotos, han dejado de extravasar sangre, por lo que la inflamación que queda es simplemente lo que no se pudo evitar que saliese antes de cerrarse la lesión en los vasos. Queremos que esa sangre acumulada se vuelva más líquida y que se elimine, por lo que aplicando calor conseguimos que dicho cúmulo se ablande, además de conseguir que los tejidos de la zona se abran y permitan mejor el paso de sustancias a través de ellos, facilitando la evacuación. Con el masaje, lo que conseguimos es movilizar el cúmulo para ablandarlo y esparcirlo, reforzando el efecto del calor para la evacuación.

De nuevo, todo esto es aplicable también a una torcedura o luxación de más de 8 horas de duración.

Ahora, ¿Qué ocurre si el golpe que he recibido ha sido tal que me ha causado una herida o corte? Algo típico, cortes en mejillas por puñetazos, o en frentes y cejas por codos. Incluso en alguna tibia cuando alguien nos defiende y golpeamos su rodilla. La actuación depende de la naturaleza de la herida. Si la herida sangra de forma continua, de modo que puede ser molesto y poco higiénico, pero no es una herida realmente grave o profunda (los cortes en pómulos y cejas son propensos a ser así), lo ideal sería tener a mano agua oxigenada para aplicarla directamente, a chorro, sobre la herida. El agua oxigenada favorece los factores de coagulación, de modo que ayuda tanto a limpiar la sangre (para la ropa es perfecto) como a frenar el sangrado de la herida. Esto nos viene genial porque, además de dejar de sangrar, o reducirlo, nos permite ver con claridad el estado de la herida y valorar si necesita algún tipo de intervención más allá. Otro método para frenar un sangrado de este tipo es aplicar vaselina estéril en el corte, una capa que cubra la lesión y haga de tapón para la salida de sangre, cosa que incluso se puede ver en algunos campeonatos de ciertos deportes de contacto.

De nuevo, el frío sería un buen aliado, de modo que si la herida continuase sangrando podríamos aplicar ambos métodos unidos, una gasa o paño mojado en agua oxigenada y, sobre este, colocar algo frío. De este modo, la acción conjunta del agua oxigenada con el frío ayudará a frenar más rápido el sangrado, además de ayudarnos a prevenir una posible inflamación de la zona.

¿Y qué hacer si me han dado un puñetazo en la nariz y esta me sangra? La mayoría de la gente corre a colocarse algodones en la nariz y levanta la cabeza hacia atrás. Esto, es un error. Nadie va a morir desangrado por un sangrado nasal fruto de un puñetazo en la nariz, por lo que lo correcto es dejar que sangre y aplicar frío en la zona, manteniendo la cabeza hacia abajo, sin bloquear ni tapar los orificios nasales. Dejándolo sangrar y aplicando frío, en unos minutos dejará de sangrar por sí solo. En el peor de los casos, podemos hacer pasadas esporádicas con una gasa o similar mojado en agua oxigenada, pero de ningún modo bloquearemos permanentemente ningún orificio ni alzaremos la cabeza hacia atrás para "cortar el sangrado". Esto no corta el sangrado, lo que hace es mandarlo y acumularlo en la zona posterior de la nariz, lo cual puede acarrear una serie de complicaciones. Si el sangrado fuese algo extremadamente exagerado y abundante que no se corta en unos minutos, entonces sería el momento de acudir a un centro sanitario donde ellos se ocupen del asunto.

A groso modo, esto es lo básico para realizar ante una lesión típica en prácticamente cualquier arte marcial o deporte de contacto, aplicable a golpes, luxaciones, torceduras, fisuras...

Cualquier cosa que sea más seria que todo esto, como una fractura, el manejo de una luxación (si sufrimos una luxación, al igual que con una fractura, podemos aplicar el frío inicial, pero de ningún modo debemos intentar recolocarlo sin tener la preparación necesaria), un traumatismo craneal fuerte, lesiones en ojos y un largo etcétera, entonces sería mejor acudir a un centro sanitario a que revisen lo que nos ha pasado.

Por norma general, cualquier fisura, ya sea de tibias, antebrazos, costillas... el único tratamiento que tiene es el frío en las primeras 8 horas y calor a partir de este punto, además de algún antiinflamatorio para el dolor y, simplemente, dejar que se cure. No hay ningún tratamiento posible más allá de eso, por lo que lo único que podemos hacer es lo dicho y, si es algo que nos duele mucho, simplemente descansar hasta que estemos mejor.

Y, finalmente, decir que ante cualquier duda de si tenemos una lesión grave o leve, de si nos hemos dado un golpe más o menos fuerte o lo que sea, más vale prevenir que curar, sobre todo si es un golpe en la cabeza. El golpe más tonto puede ser serio, incluso si ha sido "un golpecillo de ná", como se suele decir.

Aún así, estoy abierto a dudas o preguntas sobre este tema y, si puedo, las resolveré.

jueves, 21 de junio de 2018

La demonización de las pesas y máquinas.

En muchos sistemas de combate, generalmente en gran cantidad de artes marciales tradicionales (es sorprendente cómo la mayoría de problemas radican en los sistemas tradicionales, pero casi nunca en sistemas más modernos o de una vertiente de más contacto como pueden ser el thai boxing, MMA, krav maga y un largo etcétera) hay una descarada tendencia a demonizar y condenar el trabajo de máquinas y de pesas, es decir, el ir al gimnasio de toda la vida.

Lo plantean como si fuese algo indigno de un artista marcial, algo que mancilla el espíritu y buen nombre de las artes marciales. Entre los mil argumentos que se esgrimen hay algunos que tienen una razón parcial, mientras que hay otros que son tan absurdos como la mente cerrada, obtusa y estrecha que los plantea.

Algunos de los argumentos que se usan son cosas como "los samurai no tenían gimnasios, no podían ir a levantar pesas ni hacer máquinas". Al parecer, nadie se ha fijado en la cantidad de entrenamientos tradicionales, que incluso se realizan a día de hoy, que se basaban en levantar peso usando materiales cotidianos como jarrones, piedras, tablones de madera, etc. que usaban cada día tanto samurai, como monjes de templos estilo Shaolin y otros mil millones de guerreros y escuelas de lucha de la antigüedad. Eso, sigue siendo musculación, ejercicio de pesas y/o máquinas. Simplemente, a día de hoy tenemos materiales y elementos que nos ayudan y facilitan a hacer esos ejercicios de forma más eficiente, cómoda y segura. Este, es uno de esos argumentos absurdos propios de mente cerrada, obtusa y estrecha, además de esgrimir una falta de información y conocimiento en la materia brutalmente abismal.

También es común decir que el ir al gimnasio y mazarse, ponerse con unos biceps del tamaño de melocotones o melones, es contraproducente, que lo hace a uno más lento y torpe, un blanco más fácil y que, además, es un músculo inflado e hipertrofiado pero inútil, sin fuerza real detrás de él, sólo masa.

Este, es uno de esos argumentos que son verdaderos sólo en cierta medida. Efectivamente, si haces un entrenamiento de hipertrofia muscular, basando el ejercicio simplemente en que tu músculo crezca más y más para que sea vistoso, ese músculo no te va a servir para nada a nivel práctico. Un golpe con ese músculo tendrá cierta fuerza porque, efectivamente, tiene masa, peso y la aceleración que pueda añadirle la persona después. Seguro que duele si te da, pero seguramente sea un movimiento relativamente lento, torpe y con bastante poco potencial de daño, más allá del hecho de que algo te golpee sin más en la cara.

Pero esta no es la única forma de ir al gimnasio. El crear músculos enormes, vistosos e hipertrofiados no es el único modo de ejercitarnos en una sala de pesas. Se pueden realizar rutinas para ganar fondo (fuerza resistencia, útiles sobre todo si practicamos un deporte de contacto que tenga algún tipo de competición), rutinas que aumenten la fuerza explosiva (seguramente, la que más convenga a la mayoría de artistas marciales, pues nos permite lanzar golpes realmente demoledores al incrementar la fuerza con que el músculo se contrae, así como la velocidad a la que lo hace, permitiéndonos lanzar golpes mucho más potentes) y rutinas para aumentar la fuerza máxima.

Lo ideal, es conseguir alguna rutina que nos permita mejorar tanto la fuerza resistencia (menos necesaria, pero útil a fin de cuentas, mucho más necesaria en competición) como la fuerza explosiva (útil tanto si queremos competir como si buscamos efectividad en la defensa personal).

¿Cómo podemos conseguir esto? Las súper series son un gran recurso.

¿Qué son las súper series? Las súper series consisten en tomar un grupo de ejercicios y, en lugar de descansar al acabar la serie de uno de ellos, lo que hacemos es pasar a hacer una serie de otro, descansando el primer grupo muscular mientras ejercitamos el siguiente, sin dejar tiempo de descanso entre la serie de uno y la de otro. De este modo, con la rutina de máquinas y pesas estamos trabajando la fuerza explosiva que necesitamos para golpear, mientras que al pasar de una serie a otra rápidamente con apenas descanso (se descansaría 1 minuto máximo tras acabar un bloque de 3 músculos) conseguimos trabajar la fuerza resistencia y mejorarla.

Un ejemplo ilustrativo: Hoy quiero trabajar un ejercicio de biceps, otro de triceps, dos de dorsales, uno de pectorales y otro de deltoides. Tras haber hecho el calentamiento y 15-20 minutos de cinta, carrera o bici pertinentes (Yo, por ejemplo, hago 20 minutos de cinta y luego hago tres series de plancha abdominal, flexiones, lumbares, sentadillas y zancadas, descansando un minuto tras la cinta y otro minuto tras las tres series de ejercicios de autocarga, y luego comienzo con los ejercicios de máquinas), comienzo haciendo la primera serie de ejercicios de biceps, con el peso y repeticiones que convengan. Al acabar, directamente, paso a hacer la serie de triceps y, tras acabar esta, paso a uno de los ejercicios de dorsales. Una vez acabada la serie de dorsales, volvería a hacer otra serie de biceps, luego triceps y luego dorsales de nuevo. Continuaría así, sin parar entre una serie y otra, hasta acabar todas las series de esos 3 ejercicios, sean 3 o 4 o 5 (lo ideal en este tipo de trabajos son 4 o 5 series, ni más ni menos).

Una vez acabo la última serie de, en este ejemplo, dorsales, descansaría un minuto como mucho, bebería algo de agua y tal, y pasaría a un segundo bloque, pectorales, deltoides y el segundo ejercicio de dorsales y lo haría exactamente igual que lo anterior, una serie de pectoral, otra de deltoides y otra de dorsales, todo seguido y sin descanso entre uno y otro hasta acabar la última serie del último ejercicio.

Lo bueno de este método es que, normalmente, nunca vamos a usar menos de 4 o 6 máquinas en una sesión de entrenamiento, ya que incluso si dedicamos un día solamente a biceps y triceps, por ejemplo, tendremos varios ejercicios para cada grupo muscular, permitiéndonos dividirlo igualmente en bloques de 2 o 3 ejercicios.

Además, distribuir así los ejercicios y el dejar poco tiempo de descanso entre uno y otro hace que acabemos bastante más pronto de entrenar, permitiéndonos más tiempo libre fuera del entrenamiento.

Este tipo de entrenamiento de fuerza explosiva, lo que hará será desarrollar nuestra musculatura, evidentemente nuestros músculos crecerán en tamaño, pero de un modo mucho más leve, limitándose simplemente a definirse, endurecerse y fortalecerse sin adoptar un tamaño desproporcionado y exagerado, además de mejorar la contracción muscular rápida, lo cual nos otorga tanto velocidad como potencia en nuestras técnicas, sin hacernos más torpes y lentos por una masa desproporcionada, y al combinarlo con un entrenamiento de fuerza resistencia conseguiremos ganar fondo, tan útil e incluso necesario en según qué contextos.

Un entrenamiento de máquinas así, sumado al entrenamiento normal en el dojo, escuela, dojang o cualquiera que sea el nombre del sitio donde entrenes, contribuye a mejorar y optimizar tu condición física para el sistema de combate que practiques y te hará mejor luchador que si te limitas únicamente a entrenar en la escuela, realizando las técnicas y el poco físico que puede dar tiempo a realizar durante las sesiones de entrenamiento estándar.

No dejéis que los puritanos, los que denotan ignorancia en el tema y los que piensan que las artes marciales traen con ellas una especie de poder místico que otorga fuerza ilimitada a sus practicantes sin necesidad de hacer nada más os engañen con historias y cuentos sobre los grandes guerreros de la antigüedad que no iban al gimnasio y aún así eran invencibles. Todos realizaron físico, absolutamente todos, con los medios y materiales de la época, pero al final todos han acabado levantando pesas, corriendo y haciendo ejercicios de autocarga del mismo modo que lo hacemos nosotros a día de hoy en el gimnasio.

martes, 19 de junio de 2018

La lacra de la falta de contacto.

A día de hoy, he visto muchísimos lugares donde, en mayor o menor medida, se demoniza el contacto, por ínfimo que sea, durante la práctica de artes marciales.

Esta demonización suele ser propia o más vigente en artes marciales tradicionales, más que en cualquier deporte de contacto o sistema de defensa personal. De algún modo, se ha desarrollado cierta creencia a que, como las artes marciales son sobre todo para perfeccionar el carácter del practicante, no es necesario darse golpes durante la práctica y que todo contacto debe ser o inexistente o leve a lo sumo.

Hay que admitir, que si el objetivo es simple y meramente "perfeccionar el carácter", esta afirmación es correcta. No hace falta recibir una sola patada si practicamos por el mero hecho de perfeccionar nuestro carácter, o para hacer ejercicio simple y llanamente, o para competir en según qué categorías, o para hacer exhibiciones.

El problema viene cuando, de algún modo, alguien intenta vendernos que podemos aprender ese arte marcial como un método de defensa personal pero, a la vez, en la práctica diaria no se permite e incluso se condena el contacto y, en ocasiones, incluso el combate.

Por poner ejemplos palpables y simples, el karate es el único sistema de combate que tiene penalizado el "contacto excesivo" durante la competición de combate. Da igual el sistema de combate que mires, boxeo, thai boxing, MMA, incluso el taekwondo, todos tienen permisividad plena en cuanto a la dureza de los golpes (para eso, llevan también protecciones). Por el contrario, en el karate, un golpe "demasiado fuerte" al rival supone penalización o descalificación.

Esto lo hacen escudándose en que el karate requiere tanto fuerza para golpear como control de la técnica para no dañar al oponente. Tampoco es del todo mentira. Es necesario tener autocontrol y tener la suficiente precisión para poder calibrar la intensidad y dureza de la técnica, si queremos dar un simple "toque de atención" o si queremos, directamente, matar a quien tengamos delante.

El problema es que basar el entrenamiento y combate en esto crea una falsa sensación de control y precisión, agravado además por unas protecciones, unas guantillas, de un grosor extremadamente excesivo para el contacto tan leve que se permite en esta competición.

Y todo esto se agrava mucho más cuando se toma la filosofía del karate de "un golpe, una muerte", haciendo referencia a que cada golpe tiene que ser definitivo, de modo que el combate de karate se acaba basando en que dos personas se lanzan una contra la otra, sueltan una, a lo sumo dos técnicas y si uno consigue rozar primero la cara o el torso del oponente, seguido de un gran grito carente de espíritu detrás, eso se considera un punto y no hay que hacer nada más.

Un ejemplo aún peor son estos sistemas en los cuales no se practica ningún tipo de combate. Hay mil millones de ellos, sobre todo muchos estilos de creación moderna con "técnicas tan letales que no pueden ponerse en práctica en combate 'amistoso' ni con protecciones porque sólo funcionan si pretenden matar al otro y sin protecciones". Pero, en lugar de hablar de esas gilipolleces de la new age, voy a hablar de algo que es un poco más antiguo pero que ha envejecido igual de mal, y a riesgo de que muchos de los que lean esto se me tiren al cuello por criticar su sagrado dogma.

Este ejemplo al que me refiero es el aikido. En aikido, todo se practica acorde a la mentalidad de la fluidez de energía, el movimiento circular y armónico para que nunca se interrumpa el flujo de ki hasta el final de la técnica. Todo eso es precioso, pero al final resulta inútil. Inútil como defensa personal, quiero decir. Resulta inútil cuando esto se aplica no solo al que se defiende, si no también al que ataca. Pocos son los lugares donde los practicantes de aikido aprenden a realizar ataques serios, con fuerza y con intención, de modo que el que se defiende se vea obligado a usar la técnica de un modo eficaz, y rudo si es necesario.

Al punto que quiero llegar es que no se puede basar un sistema que, supuestamente, sirve para defenderse en una situación real en un entrenamiento tan sumamente restrictivo. No puedes preparar a alguien para defenderse en la calle sin que esa persona experimente lo que es un buen puñetazo en la cara. No puedes preparar a alguien para defenderse en la calle sin que experimente lo que es que alguien ataque rápido, fuerte, con intención real de darte, ni tampoco sin experimentar lo que es que alguien oponga resistencia cuando intentas hacerle una proyección o una luxación.

Y con esto no quiero decir que hagamos el club de la lucha y salgamos todos de entrenar con la cara comida a hostias y patadas y con 4 dientes menos. No estoy haciendo apología del entrenamiento irresponsable, si no todo lo contrario. Lo que estoy diciendo es que, ocasionalmente, entrenamientos de combate con casco, guantillas y tibiales, en los que más o menos valga todo y en los cuales se pueda dar rienda suelta a nuestro repertorio técnico, al ingenio a la hora de usar técnicas, a pensar cómo aplicar o librarse de situaciones y, sobre todo, a hacerse al factor sorpresa, a la incertidumbre de que no va a venir lo establecido, lo canonizado por mi sistema o forma de competición, si no cualquier cosa, de cualquier manera.

Muchos alegan que este tipo de entrenamiento es para burros, para peleadores callejeros, que los artistas marciales somos eso, artistas, trabajamos las precisión y la finura, y un montón de gilipolleces más. Da Vinci era un artista, un maestro con el pincel, pillaba lienzo y pintura y hacía auténticas obras maestras, pero ni se le pasaba por la cabeza decir la gilipollez de que, usando la misma técnica, método y materiales, era capaz de pintar una fachada de un edificio de 6 plantas, porque la mera idea es absurda, estúpida y sin sentido.

Ya en el siglo XVI, Miyamoto Musashi dijo "sólo puedes pelear del modo en que has entrenado". No puedes esperar que haciendo únicamente trabajos preestablecidos, sin contacto, sin recibir un solo golpe, luego tengas una pelea real y que las cosas salgan bien. Si nunca has recibido un golpe fuerte, aunque sea llevando casco y guantillas, cuando te caiga la primera hostia en la cara, en el mejor de los casos, irás al suelo y ahí te quedarás. En el peor, te quedarás paralizado, sorprendido y anonadado mientras te caen 3, 4 o 5 más. Si nunca nadie te ha opuesto resistencia a una luxación o ha intentado zafarse de ella, cuando intentes aplicarla, el otro se va a librar de ella en 0,2, o no vas a poder aplicarla de forma efectiva porque el otro se estará moviendo. Si nunca nadie se te ha lanzado encima con la simple y mera intención de machacarte, sin importar técnicas bonitas, honor, lealtad o que te caigas al suelo, en el mismo instante que alguien vaya así a por ti, lo menos que puede pasarte es que te mees encima.

La cosa cambia muchísimo entre un combate reglado con alguien que, aunque quiera ganarte, ya sea por deportividad o por las normas, no va a hacerte daño y alguien cuya mirada dice claramente "voy a darte palos hasta que no puedas levantarte" y, además, está dispuesto ap hacerlo. Y cuanto más cercano a una situación así sea el entrenamiento, más posibilidades de salir airosos de la situación real tendremos. Que no os engañen con cuentos de que "aunque no se practique combate, entrenando la técnica se consigue nivel para defenderse" ni de "no, es que esto es un arte y hay que trabajar con finura y estilo, pero luego sirve para la calle si entrenas duro". Es todo mentira. La única forma de aprender a usar tu sistema de lucha en un combate donde todo vale, es haciendo un combate donde valga todo, respetando el mínimo de normas de seguridad.

domingo, 17 de junio de 2018

Flexibilidad, ese gran obstáculo.

Muchas de las personas que practican artes marciales, sean del tipo que sean, se encuentran con este gran obstáculo, la falta de flexibilidad y la dificultad y lentitud de ganarla, incrementarla y, en ocasiones, mantenerla, sobre todo a partir de ciertas edades.

En esta entrada, quiero sugerir algunos ejercicios a realizar para ayudarnos tanto a mejorarla como a mantenerla.

La mayoría de la gente suele pensar que hace falta realizar un entrenamiento específico y súper extenso para conseguir mejorar la flexibilidad, incluso haciendo falta un entrenador que ayude y todo eso, además de practicarla todos los días durante 2 horas. Nada más lejos de la realidad.

Tanto si practicamos artes marciales, como si no,  con una simple rutina de unos 30-45 minutos diarios, o día sí día no, podemos conseguir avances relativamente rápidos y buenos en cuestión de semanas, si sabemos qué ejercicios hacer y cómo realizarlos. Y, lo más importante, si los realizamos de forma segura.

Cabe apuntar que la mayoría de consejos que aquí doy es para la flexibilidad y elasticidad de piernas y un poco de espalda, y que no soy ningún experto en stretching. Todo lo que sé es fruto del tiempo que llevo practicando artes marciales y deporte en general, además de haber leído y ojeado algo de bibliografía. También cabe apuntar que las imágenes que añadiré no son mías, ni de nadie conocido, si no cogidas de internet directamente para hacer más claro y gráfico lo que digo.

Y, yendo al asunto que nos compete, comienzo con los ejercicios mencionados.

1- Sentados en el suelo, estiramos una pierna al frente, mientras que la otra la flexionamos pegando la planta del pie a la cara interna del muslo de la pierna estirada, manteniendo la rodilla en horizontal. Tras esto, tratamos de estirarnos al frente, en dirección al pie estirado, con intención de alcanzarlo con la mano.

Es importante hacer énfasis en el concepto de "estirarse al frente", pues la mayoría de la gente lo que hace es curvar la espalda hacia abajo, como si quisiesen tocar la rodilla con la cabeza. Este no es el objetivo del ejercicio, además de no ser sano para la espalda. Lo que debemos intentar es estirar la espalda hacia el frente, como si quisiésemos que la cabeza tocase el pie, que llegue a la altura del pie. En el proceso de intentar esto, irremediablemente, bajaremos el torso y, si somos muy flexibles, conseguiremos que el pecho toque la pierna, pero es un resultado secundario, no el objetivo.

La mayoría de la gente que ha empezado hace poco o nunca ha hecho estos trabajos, seguramente no sea capaz de apenas inclinarse un poco para llegar con la mano a algo más abajo de la rodilla, como mucho. Es lo más normal del mundo. Requiere tiempo y constancia.

Teniendo esta posición, podemos hacer dos cosas. Una es hacer pequeñas cargas estirándose hacia el pie, con pequeños y suaves rebotes, de manera que cada vez que volvamos a bajar consigamos avanzar un poco más al frente, y otra manera es estirar y descender todo lo posible y mantener durante varios segundos. Normalmente, se empieza haciendo lo primero un poco para preparar el cuerpo y, después, se hace manteniendo unos cuantos segundos.

Una de las cosas más importantes en general en todo el trabajo de flexibilidad es la respiración, así como la relajación. Debemos intentar tomar aire profundamente y, mientras lo expulsamos con lentitud, tratar de ir inclinando el cuerpo hasta echar todo el aire. Entonces paramos, volvemos a tomar aire y repetimos la maniobra, así hasta llegar a nuestro límite. En el caso de que estemos haciendo la variante de realizar pequeñas cargas o rebotes, lo que debemos es tomar aire en cada rebote para dejarlo ir en cada bajada, intentando bajar un poco más cada vez. Mientras se hace esto, es muy importante relajar, de forma consciente, la musculatura, ya que en el intento de bajar y estirarnos solemos tensarla y dificultamos el proceso. Debemos estar pendientes de relajar los dorsales y espalda en general, el abdomen, las piernas... Incluso los brazos, ya que podemos levantar y tensar los hombros para intentar llegar lejos.

Una imagen que sirva de muestra del ejercicio.

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2- Otro ejercicio muy útil consiste en, sentados con la espalda recta, juntar las plantas de los pies e intentar pegarlos talones al cuerpo, a nuestra propia ingle. Una vez tenemos los pies todo lo cerca posible del cuerpo, debemos bajar las rodillas con intención de tocar el suelo con ellas, manteniendo los pies todo lo cerca posible del suelo. El ejercicio resulta considerablemente más fácil y cómodo de realizar si se hace descalzo. Como antes, se puede hacer o dando pequeños "aleteos" con las rodillas, de manera que cada vez tratemos de llevarlas más hacia el suelo, o directamente tratando de empujarlas poco a poco hacia abajo usando los codos, ya que las manos las mantendremos sujetando los tobillos o pies para mantenerlos cerca del cuerpo. Al igual que antes, es importante la respiración y relajación en el momento de realizar la extensión del músculo, tanto para que sea más fácil y cómodo como para que sea más seguro.

En la imagen que comparto, este ejercicio corresponde al marcado como número 6.

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3- El siguiente ejercicio sale a partir del anterior. Consiste en, una vez tenemos los pies todo lo cerca posible del cuerpo y las rodillas todo lo pegadas al suelo posible, siguiendo la misma mecánica del primer ejercicio de "estirar" al frente y no "encorvar la espalda" hacia abajo, tratar de bajar el torso, como si quisiésemos que nuestro abdomen tocase nuestros pies, pero movilizando únicamente el torso, no tratando de empujar los pies hacia arriba.

Es muy importante mantener la espalda recta para no sobrecargarla ni lastimarnos, por eso un modo alternativo de trabajar esto es colocar exactamente la misma posición pero, en lugar de sentado en el suelo, tumbado como si estuviésemos "sentados" en la pared, mirando al techo. Aquí, en lugar de estirar el cuerpo hacia el frente, lo que haremos será tirar de los pies hacia nuestro cuerpo, realizando exactamente la misma extensión, pero de forma más cómoda y manteniendo una buena postura. Es una buena alternativa, sobre todo si estamos empezando y aún tenemos poca elasticidad y nos cuesta mantener la postura por ello.

4- El próximo ejercicio es, para mí, uno de los más complicados y de los que peor llevo. Es el clásico de estirar ambas piernas al frente, pegadas, y estirarse al frente (siempre como se indica en el primer ejercicio) para intentar alcanzar ambos pies con las manos. Es el que, a mi parecer, más dificultades pone para mantener la espalda recta, con una buena postura, evitando también flexionar las piernas para tener más comodidad. Como el anterior, también tiene una variante que nos permite realizarlo un poco más cómodo, que es hacerlo de pie, inclinando el torso hacia abajo y dejándolo caer por gravedad, pero vigilando siempre que la espalda esté recta y las piernas estiradas.

En la imagen que comparto, correspondería al número 9

http://www.freedive-earth.com/sites/default/files/stretching.jpg

5- El último ejercicio que sugiero es una variante del clásico de, sentado, abrir las piernas todo lo posible y bajar el torso hacia las piernas alternativamente. Al igual que en la variante del ejercicio 3, se realiza tumbados bocarriba como si estuviésemos sentados en la pared. Estiramos las piernas hacia el techo y luego las abrimos, dejándolas caer hacia los lados, todo lo estiradas posibles y siempre en contacto con la pared.

Una vez lleguemos al tope, que será pronto pues acabamos de empezar, mantenemos 3 minutos, tras los cuales tratamos de abrir un poco más ayudándonos de las manos, justo hasta el límite donde comenzamos a sentir molestia.

Debemos mantenernos en ese punto 4 minutos más. Es importante encontrar el punto adecuado donde podemos empezar a sentir molestia pero que esta no sea demasiada, pues si no el dolor puede hacernos abandonar el ejercicio.

Finalmente, tras esos 4 minutos, tratamos de abrir las piernas un poco más, esta vez adentrándonos un poco más en el campo de apertura que nos causa molestia, llegando casi a nuestro límite y manteniéndonos en ese punto 3 minutos. Tras esos 3 minutos, con mucho cuidado, cerramos las piernas y relajamos aductores y femorales, que seguramente sean los que más se resientan con el ejercicio.

En este ejercicio, los puntos más importantes son que la totalidad de la espalda debe estar tocando el suelo, evitando encorvar la parte más baja. También, debemos estar pendientes de que tanto el abdomen como la cadera y las piernas están totalmente relajadas, ya que con la tensión y la molestia es normal que los tensemos, empeorando la calidad del ejercicio. Debemos estar pendientes en ese aspecto.

Otro factor importante es que debemos tener muchísimo cuidado a la hora de hacer las aperturas, ya que podemos lastimarnos los tendones de la cara interna de la rodilla. Debemos vigilar tanto los aductores al abrir como la cara interna de la rodilla mientras mantenemos.

Al cerrar las piernas, es normal sentir algo de dolor tanto en los aductores como en la rodilla, por la tensión a la que son expuestas ambas zonas, hasta el punto de costarnos un poco el conseguir cerrar las piernas. Se debe tener mucho cuidado y hacerlo con tranquilidad y lentitud, pues podemos lastimarnos.

Este último ejercicio, que ocupa apenas 10 minutos de tiempo, es un gran aliado a la hora de trabajar la flexibilidad, hasta el punto de que realizando simplemente este ejercicio una vez al día podemos notar grandes avances en poquísimo tiempo. Por eso, si un día estamos demasiado ocupados como para hacer toda la rutina (que apenas puede ocupar media hora de tiempo en total), lo ideal sería realizar al menos este, aunque sea justo antes de dormir.

Esta serie de ejercicios podemos realizarla los días alternos al entrenamiento, al acabar los entrenamientos, el mismo día del entrenamiento pero en otra franja horaria... Se puede realizar cada día, un día sí uno no, dos o tres veces por semana... La frecuencia con que se realice depende de cada uno y aportará resultados de forma relativamente rápida, aunque lo ideal sería hacerlo al menos 2 o 3 veces por semana.

Personalmente, conseguí mejorar mi flexibilidad muy rápido limitándome a realizar estos ejercicios dos días por semana, además de los entrenamientos y, a día de hoy, la sigo realizando 2 o 3 veces por semana para mantener el nivel de flexibilidad.

Espero que os sirva y sea de ayuda.