jueves, 26 de septiembre de 2024

Maai: tiempo, espacio y mente.

El concepto de maai (間合い intervalo), en el contexto de las artes marciales suele referirse a la distancia que nos separa del oponente. Aunque puede parecer simple, la realidad es que no es tan sencillo. Cuando hablamos de maai, no nos referimos simplemente al espacio físico que separa a dos o más oponentes, si no también al tiempo. Maai es tanto el espacio físico que separa a los oponentes como el tiempo que ocupa a uno de ellos acortar ese espacio y alcanzar al oponente. Cuanto más rápido es uno, más largo es su maai. Lo ideal es ser capaz de mantener el maai propio y evitar que el oponente conserve el suyo, en lugar de que ambos ataquen y se alcalcen simultáneamente. Dentro del aspecto físico, podemos hablar de 3 tipos de maai:

Tōma (遠間)

Es la distancia larga. Se entiende con distancia larga aquella que requiere más de un desplazamiento simple (como kaeashi) para que nuestro golpe alcance. Claramente, será diferente si luchamos a mano vacía o si luchamos con un bastón largo. En las koryū de armas, era la distancia para hacer uso de shuriken (手裏剣 cuchillas arrojadizas), que permitían distraer al oponente para darnos la oportunidad de acortar espacio y atacarle. Descartando este matiz, es claramente la distancia más segura pero la que menos permite el ataque.

Chūma (中間)

La distancia media. Es la distancia estándar que, en el lapsus de un desplazamiento simple (kaeashi, yoriashi, ayumiashi...) nos permite acertar con un golpe a nuestro oponente. Es una distancia que nos permite alcanzar fácilmente al oponente pero también ser alcanzados, por lo que queremos usarla con precaución y cuidado y con gran nivel de atención.

Chikama (近間)

Distancia corta. No necesitamos el más mínimo desplazamiento para acertar a nuestro oponente. Un arma de doble filo en la cual prácticamente no tenemos tiempo ni espacio para defender un ataque. Es altamente peligroso y suele ser recomendable evitarla todo lo posible por la descompensación riesgo/recompensa que implica.

Kumikatama (組み方間)

Distancia de agarre. Es cuando entramos en la distancia de grappling o clinch. Es la distancia estándar para técnicas de derribos y proyecciones, como las usadas en judō, aikidō y otras escuelas especializadas o que incluyen ese tipo de técnicas. Al igual que con chikama, la realidad es que no es una distancia en la que queramos mantenernos permanentemente, pues el riesgo de recibir un golpe del oponente, de que saque un arma oculta y no la veamos, de que acuda un compañero de este o de que cualquier elemento del entorno nos afecte es muy alta, pues en esta distancia, por su naturaleza, perdemos control y atención del entorno. Debemos ser conscientes de entrar sólo en esta distancia el tiempo justamente necesario y estando seguros de lo que hacemos.

Newazama (寝技間)

Distancia de sumisión. Es la lucha en suelo. En la mayoría de sistemas, en esta distancia se busca la sumisión del oponente mediante estrangulaciones, luxaciones, etc. Pero, si hablamos de un contexto de defensa personal, suele ser más seguro y conveniente, cuando se caiga en esta distancia (por ejemplo al caerse, solo o agarrado al oponente), buscar el modo más rápido de salir y tomar distancia segura, ya que al igual que en kumikatama, se pierde la conciencia y atención del entorno, sin mencionar la de elementos cercanos que pueden dañarnos, incluido el propio suelo.

Kokoro no maai (心の間合い)

Este es el maai del espíritu, y se refiere al ritmo mental que lleva cada luchador, el nivel de atención y alerta. Implica que, en una igualdad de condiciones de maai físico (equipamiento similar, cualidades físicas similares...), lo que determinará cual de los dos saldrá victorioso será el 'intervalo mental'.

Hay que entender que, aunque en los sistemas deportivos el maai puede ser estático (como en el judō), En las luchas más permisivas o reales es algo dinámico y cambiante de forma constante. Manejar y dominar el maai, y evitar que el oponente conserve el suyo, es esencial en la práctica marcial, hasta el punto de que no se puede ser un buen luchador, sea cual sea la disciplina, si no se entrena y controla.

miércoles, 25 de septiembre de 2024

¿Nahate, Shurite, Tomarite, Shorinryū, Shoreiryū?

¿Cómo distinguimos todas estas escuelas de karate okinawense y cómo desembocan unas en otras? La clasificación es bastante más simple de lo que cabría esperar.

Tomarite

Linea de karate principal de la región de Tomari, que generalmente era la escuela de lucha que aprendía la nobleza y la corona okinawense. Pocos lo práctican en comparación. Posiblemente de las ramas que más puras se mantuvieron a las luchas autóctonas de Okinawa pero irremediablemente influenciada por Shurite, pues en ocasiones los instructores de la realeza eran practicantes de éste. Aún así, los estilos reales se conservaban con bastante celo.

Shurite

Linea de karate practicada en Shuri por los encargados de asuntos bélicos y protección de personalidades. Se centraban mucho en la lucha y enfrentamiento, así como en la protección de otros, pues era escuela de soldados y guerreros. Influenciado por diversos estilos chinos, siameses y japoneses, debido al trato y viajes de los miembros de la casta bélica okinawense y quienes les acompañaban en viajes y campañas.

Nahate

Linea de karate practicada en Naha, ciudad portuaria, por los burgurses y comerciantes que allí residían. Asimilaron escuelas de kung fu desde China basadas en ejercicios internos y de fortalecimiento y flujo del ki. Al ser gente adinerada, de alta clase pero no noble, sus estilos no eran tan guerrilleros, pero cultivaban el llevar su cuerpo al límite. Era algo más centrado en el cultivo personal y la defensa propia que en la guerra y enfrentamiento propio.

Shorinryū

Tomarite y Shurite, con el paso del tiempo, acaban desembocando en una escuela llamada Shorinryū, más centrada en la movilidad y agilidad de movimientos, usando movimientos potentes. 

Shoreiryū

Nahate desembocó en esta escuela, centrada en el enraizamiento del usuario y un gran énfasis en el modo de respiración, así como el forjar el cuerpo como una gran armadura.

Al igual que muchos otros, Funakoshi Gichin estudió Shorinryū y Shoreiryū, ambas escuelas, y extrajo los kata y principios que consideró más adecuados para transmitir su visión del karate, una sin fronteras ni diferencias o enfrentamientos. Una en la que las variaciones del karate sea. Sólo diferentes medios para un fin, igual de admirables e igual de válidos.

Normalmente miramos al resto de escuelas o estilos de lucha y pensamos 'pero qué hace, eso no es así, es más efectivo de este modo, eso se lo está inventando'. Y está bien, ojo, ser crítico con los sistemas y escuelas ajenos y, sobre todo, con el propio, nos ayuda a mantener la objetividad y ser capaces de analizar cualquier elemento que nos presenten fuera del prisma de la ceguera fanática.

Pero también es importante el shoshin (初心), el espíritu de principiante que nos permite sacar información y elementos útiles que pueden ser extrapolables a nuestro sistemas. Incluso si haciendo un análisis objetivo nuestra conclusión es 'todo esto es basura, bullshido', entre todo eso hay algo, algún comentario, un principio, incluso una técnica aislada que, en un buen contexto, se le puede sacar potencial.

Por eso, en cada situación o contexto, mantened la mente abierta y buscar esa pequeña brizna que os puede dar un elemento aprovechable de cualquier situación. Eso es el Shoshin. Mantener la actitud permanente de que somos un principiante que siempre tiene algo que aprender de cualquiera, bueno o malo, pero una lección.

ShuHaRi: La tríada del aprendizaje.

El concepto de ShuHaRi (守破離 Proteger, separar y abandonar) es otra tríada de conceptos (como lo son el shingitai 心技体 o el tenchijin 天地人) que engloba el proceso de aprendizaje de las técnicas, conceptos y principios en las artes marciales. Como la mayoría de conceptos que se usan en las artes marciales, realmente es aplicable a otras actividades y destrezas, como vienen siendo el juego de go o el teatro noh. Analizados individualmente, podemos entender shuhari del siguiente modo:

- Shu 守: se le da el significado de proteger, obedecer. Hace referencia a esa fase inicial del aprendizaje en la cual te aferras a la tradición, al modo estándar de enseñanza, la forma pura y correcta de hacer algo, sin modificaciones. Es importante, pues no solo nos muestra la técnica correcta para hacer algo, si no la sensación, cómo debe actuar el cuerpo, la musculatura. La repetición de técnicas en el principio de shu nos dará la memoria muscular para poder avanzar a otras fases.

- Ha 破: Separarse, desapegarse. Hace referencia a la búsqueda de excepciones en la técnica. Una vez se han interiorizado los principios y fundamentos de las técnicas trabajados en Shu, el practicante comienza a experimentar con ellos y a hacer suya las técnicas, buscar métodos alternativos de realizarlos y de llegar al mismo destino siguiendo diferentes caminos.

- Ri 離: Abandonar, trascender. Si Shu podría entenderse como el apego a la forma y Ha el desapego a la forma, Ri es el romper con la forma, el desapego a esta. El trabajo constante de la forma y el entendimiento e interiorización de sus principios y mecánicas corporales nos lleva a trascender la forma, prescindir de ella, porque somos capaces de respetar los principios y fundamentos de la técnica ignorando completamente la forma de esta. Se puede lanzar o realizar una técnica, de forma correcta, desde cualquier posición o punto. El tsuki no tiene que salir necesariamente de la cadera, o del brazo adelantado en kamae estándar. Puede salir de cualquier parte. Es el culmen técnico en cualquier actividad.

ShuHaRi es el camino de la forma a la no-forma, representando la evolución del artista marcial de principiante a avanzado. Pero eso no significa que una vez se alcanza el Ri los otros puntos se abandonen, si no que están todos estrechamente entrelazados. Son tres esferas en contacto la una con la otra y debemos trabajar conscientemente en ellas constantemente, sin abandonar la forma y el estudio de esta para seguir mejorando y superando nuestra no-forma.

Este camino requiere años de entrenamiento, repetición, estudio, autocrítica y autoanálisis honestos. Si nos estancamos únicamente en repetir la técnica de la forma estrictamente correcta, nunca pasaremos de Shu y nuestro Budō estará cojo. Si buscamos alternativas y excepciones a las técnicas e interiorizamos sus principios, pero no trascendemos en su aplicación, seguiremos estancados en la forma y no pasaremos de Ha. Si una vez alcanzado el Ri únicamente trabajamos las técnicas carentes de forma y basándonos únicamente en la sensación y el interior, sin seguir entrenando y fortaleciendo las bases, puede que perdamos el Shu y nuestra técnica se resienta, perdiéndose todo lo demás como una construcción con malos cimientos. Es necesario volver siempre a la forma, trabajarla y entrenarla, cíclicamente, al tiempo que se avanza y progresa en lo interno. Esa es la forma del Budō.

jueves, 12 de septiembre de 2024

Hojo undo, el pilar olvidado.

Siempre se habla de los 'tres pilares' del karate japonés/Shōtōkan-ryū, llamadas 'las 3 k' (kihon, kata y kumite) y de la importancia de estos en el desarrollo de nuestro karate, pero desde hace décadas se ha dejado de lado uno de los que en karate okinawense se considera el cuarto pilar, el hojo undo (補助運動).

Hojo undo significa 'ejercicios complementarios', los cuales complementan al junbi undo (準備運動, ejercicios de preparación) y son un conjunto de prácticas y ejercicios destinados a fortalecer y forjar nuestro cuerpo. Se conoce también como tai tanren no keiko (体鍛錬の稽古 entrenamiento de forjar el cuerpo) y hay mucha variedad: Kote kitae (小手鍛 fortalecimiento de muñeca), ude kitae (腕鍛 fortalecimiento de brazo), ashi kitae (足鍛 fortalecimiento de pierna), sune kitae (脛鍛 fortalecimiento de tibia) y un largo etcétera.

Entre los ejercicios que se incluyen encontramos el golpear tablas de madera e incluso rotas con los nudillos, bordes y palmas de las manos, brazos, punta de los dedos... Así como recibir golpes en todas estas zonas e incluso el torso, muslos y tibias por parte de un compañero. Es muy importante que se realice de forma segura, cuidadosa y progresiva para no provocar lesiones graves e incluso permanente, por lo que debe realizarse con sumo cuidado y estudio previo.

Pero todo el hojo undo no son darse golpes contra piedras. Parte de este apartado son también ejercicios tan comunes como las flexiones, las sentadillas e incluso el levantamiento de pesas. Muchísimas de las herramientas usadas en ejercicios de hojo undo son exactamente iguales a los actuales keetlebell, mancuernas y barras con discos. Cintas elásticas, balones medicinales, sacos de golpeo... El uso de todas esas herramientas forma parte del hojo undo. Son todo el conjunto de ejercicios, ajeno a la práctica técnica, que nos ayudan a tener un cuerpo más fuerte, ya sea por su resistencia al trauma (golpear respectivamente una superficie dura) o por su resistencia física y fuerza (hacer flexiones o sentadillas).

Obviamente, hoy día no es necesario golpear rocas hasta tener manos duras como piedras que puedan romper una cabeza de un puñetazo, pero es muy importante la práctica física en el karate y las artes marciales en general, por eso debemos realizar un mínimo de ejercicios físicos tipo flexiones, planchas abdominales, sentadillas y levantamiento ligero de pesas, en particular ejercicios que involucren el cinturón abdominal (peso muerto, dominadas, prensa de pecho, sentadilla con barra, empuje de cadera...) tanto para tener un cuerpo fuerte y sano como para poder mejorar y escalar nuestro karate.

Añado una muestra de alguno de los ejercicios que realizo para el endurecimiento de mis miembros usando el poco material del que dispongo en el dōjō.



domingo, 1 de septiembre de 2024

Kokyūhō, la respiración en el Budō

Aunque en la mayoría de prácticas actuales, ya sean modernas o herencia de tradicionales, se ha olvidado, el kokyūhō (呼吸法 método de respiración) es un elemento muy importante en la práctica marcial, sea a mano vacía o con armas. La respiración y su buen manejo es lo que nos permite movernos con agilidad, relajar la musculatura adecuadamente e imprimir potencia a las técnicas, además de ser el eje central del trabajo desde el hara (腹 abdomen). Por eso, conocer no sólo los tipos de respiración que pueden darse, si no también dominarlos, es crucial para la práctica de las artes marciales y, además, puede suponer una mejora significativa en otras actividades y en la vida diaria.

Como punto básico, hay que tener en cuenta que en las artes marciales la respiración es abdominal. Esto es que, al tomar aire, no mandamos el aire a la parte alta de los pulmones, de manera que se eleven los hombros, si no a la parte baja de estos, en el abdomen, similar a cuando vemos a alguien respirar cuando está dormido.

Aunque actual e inicialmente esto puede resultarnos complicado e infructuoso, en realidad esta es la forma natural de respirar de nuestro cuerpo, por eso cuando dormimos y todo está automatizado tendemos a respirar así. A partir de aquí, el tipo de respiración varía en función de la intensidad y profundidad de esta y la que usemos dependerá del contexto y lo que queramos trabajar. Los tipos de respiración son los siguientes:

Ibuki (息吹 aliento)

Es la respiración estándar al realizar técnicas y kata que consiste en inhalaciones por la nariz y exhalaciones por la boca de forma sonora. Sirve para contraer el hara y lanzar las técnicas con potencia. Modificar la duración tanto de la inhalación como de la expiración, de forma conjunta o alterna (corta-corta, larga-larga, corta-larta, larga-corta) permite realizar diferentes trabajos y ejercicios y ayuda a concentrarse en muchos aspectos de la técnica y de la autoconciencia corporal. Algunos kata como Sanchin, Tensho o Hangetsu utilizan este tipo de respiración, realizándose de forma lenta y extensa, pero sonora, llamado sankai ibuki (三回息吹). Sirve para trabajar la contracción dinámica, mejorar la respiración y circulación sanguínea y la concentración.

Nogare (逃れ escape, fuga)

Aunque sigue siendo abdominal, esta respiración es tranquila, relajada, sin contracción abdominal. Es adecuada para relajarnos y la práctica de ciertas disciplinas comola meditación zen. Los maestros zen recomiendan practicar esta respiración hasta conseguir automatizar la en sustitución a la respiración torácica normal, llamada dontokokyū (通常呼吸).

Gyakukokyūhō (逆呼吸法 método de respiración inversa)

Método respiratorio abdominal que consiste en encoger hacia dentro el abdomen en la inhalación y expandirlo hacia fuera en la exhalación. Se utiliza en el qigong (気功), el taijiquan (太極拳) y en algunos sistemas de yoga.

Beneficios de trabajar y dominar los tipos de respiración

- Generar mayor potencia

- Mejor manejo del estrés y el cansancio

- Reducción del tiempo de reacción

- Favorece la agilidad y el movimiento

- Mejora de la circulación sanguínea

- Ayuda al refuerzo del sistema inmunitario

- Favorece la concentración 

 - Ayuda a prevenir lesiones

- Mejora la resistencia

De omote a ōyō. Bunkai, el camino del kata.

En el mundo y estudio del kata hay una serie de conceptos de cara a la aplicación de las técnicas. Entender estos conceptos, lo que implican y aplicarlos en nuestra práctica diaria del karate es esencial si queremos una disciplina pragmática y efectiva. Estos conceptos son bunkai, omote, ura, henka y ōyō. A continuación, desarrollo cada término.

Bunkai (分解)

Es el término que todo el mundo utiliza como sinónimo de 'aplicación', pero en realidad significa 'desglosar', 'desmontar', y hace referencia a 'analizar' o 'estudiar' el kata. Engloba todo el proceso en el cual vamos conociendo los movimientos, observándolos, estudiándolos y asimilándolos. Dentro del 'bunkai' se abarcan los otros 4 conceptos, pues todos forman parte del estudio y análisis del kata.

Omote (表)

Significa 'principal', 'frontal'. Cuando se refiere a las técnicas de un kata, hace referencia a la técnica tal cual se aprecia. Por poner un ejemplo, el primer movimiento de Heian shodan, gedanbarai. La forma básica y principal de gedanbarai es que es una defensa de barrido externo con el brazo, generalmente, a una patada frontal al abdomen o un puñetazo a nivel medio o bajo. Eso es omote.

Ura (裏)

Significa 'reverso', 'oculto'. En este contexto, habla de aquello que no es obvio, que no se ve. Se refiere a elementos ocultos de la técnica. Siguiendo con el ejemplo de antes, la defensa de gedanbarai. Pensemos en el proceso completo de realizar gedanbarai, la preparación de la técnica (el cruzar los brazos, el ejecutor arriba, ukete, junto al rostro y el otro, hikite, extendido hacia abajo 'señalando' el camino que seguirá ukete).  Si se realiza frente a un tsuki jōdan, podemos usar el proceso preparatorio de ukete para defender ese ataque, y el proceso preparatorio de hikite como un golpe al torso del oponente. De este modo, en el proceso preparatorio de la técnica, ambos brazos cambian los roles. Es una forma 'inusual' de realizar esa técnica del kata, pero realmente sigue el mismo patrón de movimiento y la misma mecánica corporal, por lo que es válido desde la perspectiva del análisis del kata. Esto sería ura. Antiguamente, era una parte esencial de las artes marciales, pues la idea era que en la práctica estándar pareciese que hacías algo (omote), pero en realidad trabajabas otra cosa poco evidente (ira), de modo que si alguien espiaba o trataba de robar tus técnicas le fuese más difícil.

Henka (変化)

Significa 'variación', 'cambio'. Hace referencia a una modificación o forma alternativa de aplicar la técnica. Son mecánicas de aplicar la técnica que, aunque en cuanto a mecánica corporal se mantenga igual o similar, la técnica en sí misma es diferente o incluso una técnica diferente. Usando el mismo ejemplo del gedanbarai inicial de Heian shodan, frente a tsuki chūdan, la fase preparatoria de hikite puede defender el ataque de puño, y ukete, al hacer gedanbarai, al tiempo que nos desplazamos por detrás del pie delantero del oponente (irimi 入り身), podemos empujar al oponente hacia atrás, realizando un kuzushi con kurumawaza. De este modo, lo que era ukewaza se convierte en nagewaza aunque mantiene todos los principios de mecánica corporal y siendo fiel a la dinámica de movimiento del kata. Esto, podría ser henka. Cabe decir que no hay un solo henka a una técnica, si no que puede haber varios.

Ōyō (応用)

Significa 'aplicar' o 'poner en uso. Es el último término en torno a la aplicación del kata. Es la palabra que realmente significa 'aplicación' y consiste en tomar los modos anteriores y ponerlos en práctica en contextos realistas. Ya sean ejercicios predefinidos o combate libre (yakusoku kumite y jyū kumite), deben trabajarse con resistencia del oponente y frente a ataques realistas para comprobar que nuestra técnica es adecuada y pragmática. Es el paso final de toda la práctica del kata, junto con el desarrollo personal, y debe ser honesto y sincero, siendo conscientes de cuándo un análisis o idea ha podido ser erróneo y debemos desecharlo o modificarlo.

Eso es todo sobre la concepción de las técnicas y aplicación del kata. Y recordad, aunque algunos digan lo contrario, la aplicación de los movimientos del kata no es algo fijo e inamovible. Si respeta la mecánica corporal del movimiento del kata y, sobre todo, si funciona, es válido. Del mismo modo que los tiempos y el modo y contexto en que se producen los enfrentamientos cambian, el modo de ver y aplicar un movimiento puede, y debe, cambiar también. Si un kata tiene una única forma de aplicarse sin lugar a discusión, está condenado o bien a extinguirse por quedar obsoleto o a limitarse a ser poco menos que una coreografía preservada por el mero hecho de preservarla. Los kata están vivos y ya sean estos mismos o sus interpretaciones deben adaptarse al contexto y tiempos para seguir siendo útiles y enseñarnos técnicas y métodos de defensa eficaces para la época en que vivimos, no para situaciones que se daban hace 400 años.

sábado, 31 de agosto de 2024

Kiai. ¿Qué es? ¿Para qué sirve?

Hay muchísima especulación sobre el kiai (気合), cómo se hace, para qué sirve... Y, realmente, muy, muy, poca bibliografía sobre el tema. Al menos, bibliografía sería, documentada y con datos verificados. La mayoría de información que recibe cualquier persona, incluyendo practicantes de artes marciales, es tradición oral transmitida normalmente de sus maestros y, en muchos casos, inventada por uno mismo basándose en suposiciones y asunciones. Para abordar un tema tan sombrío y poco documentado, vamos a empezar con lo más sencillo y básico:


¿Qué significa kiai (気合)?

La expresión está compuesta de dos símbolos. El primero, 気 (ki, energía, aire) y el segundo 合 (ai, unión, unificar, juntar). La traducción literal viene a ser algo así como 'juntar o unificar la energía'. En el sentido literal de la expresión, su sentido puede ser algo bastante abstracto. Diciéndolo de forma rápida y muy superficial, generalmente se representa en la forma de un grito. Aún así, la realidad es que nunca es un grito sin más, si no una serie de elementos que, unificados y focalizados en un solo momento, se materializan en la forma sonora de un grito. También hay contextos en los cuales el kiai no se concibe como algo físico, si no algo más trascendental o espiritual, haciendo referencia al aura que transmite el luchador, esa sensación de congoja y empequeñecimiento que nos inspira en ocasiones un luchador fuerte e imponente, a la vez que éste nos parece enorme y abrumador. Teniendo estos dos conceptos de kiai en mente, entonces...


¿En qué consiste el kiai?

Basandonos en la concepción más espiritual sobre el kiai, se puede afirmar que realmente la 'unificación de la energía' se da cuando alcanzamos la unificación del shin-gi-tai (心技体, espíritu-técnica-cuerpo), el equilibrio absoluto entre nuestro espíritu y actitud de batalla (donde toma gran importancia el mushin [無心] y el fudōshin [不動心]), nuestro nivel técnico (basado no simplemente en la corrección de la técnica a nivel postural, si no a nivel de principios y fundamentos) y de nuestro cuerpo (que tengamos el nivel y entendimiento del cuerpo necesarios para respetar los principios de uso y ergonomía de movimiento). El control de todo esto nos permitirá transmitir en combate un aura no solo de tranquilidad y relajación en nosotros, si no también de peligrosidad y tensión hacia nuestro oponente. Esto, en algunos contextos, se llama kiai, esa aura que acobarda y repele al oponente.

 Si nos centramos enfocamos en la parte más física del kiai, el grito, descubrimos varias cosas con un análisis un poco más exhaustivo. Aunque siempre se percibe así y, al principio, todos nos limitamos a dar un grito, la realidad es que éste es simplemente una consecuencia de toda una serie de elementos ajenos al unificarse. Es sabido que al realizar técnicas cobra gran importancia el core, el cinturón abdominal (abdominales frontales y laterales y músculos lumbares), el hara (腹, abdomen), el cual debe contraerse y descontraerse con cada técnica rápidamente. Es natural, con la contracción y descontracción rápida del cinturón abdominal, que se produzca una expulsión sonora de aire por la boca, similar a cuando tosemos. Es importante, aunque al principio se nos dice que hay que 'expulsar aire con la técnica', que esa expulsión de aire no sea simplemente 'soplar' fuerte hacia fuera, si no que la expulsión de aire sea una consecuencia de la rápida y súbita contracción del abdomen, que vacía los pulmones y nos permite relajar la musculatura para generar potencia conectados con los dorsales y el tren inferior.

¿Por qué es esto importante para el kiai? Porque cuando realizamos esta acción de contracción abdominal súbita de un modo enérgico y lo acompañamos de sonido, tenemos un kiai. En apariencia, un grito, pero que no viene de la garganta, si no desde el abdomen, producido por esa contracción del core. Utiliza una mecánica similar a la de los cantantes de ópera, que cantan desde el abdomen y proyectan la voz al frente. El kiai es exactamente igual.

Lo que se suele ver en las artes marciales no deportivas (dado que en las vertientes deportivas el kiai es simplemente un grito que da un aviso de un punto marcado) del grito al atacar, es una unión de ambos conceptos mencionados anteriormente, el kiai como concepto espiritual y el físico, la unificación espíritu-técnica-cuerpo junto a la contracción abdominal, de modo que la energía de nuestro cuerpo se libera en ese momento manifestándose como un intenso grito.


Ahora sí, se debe hablar también de que, según el uso que se le dé al kiai, también hay diferentes momentos para usarlo. Por esto...


¿Cuándo se suelta el kiai?

Los momentos para soltar el kiai son: en estático, antes de la técnica y durante la técnica.


En estático

En ocasiones, ya sea porque el aura de nuestro oponente nos abruma o porque nos sentimos física y/o mentalmente agotados, necesitamos un empujón, una dosis de vitalidad y energía.  No es raro, ni absurdo, recurrir al kiai para autoinfundirse esa energía que sentimos que nos falta. Se rige por los mismos principios antes mencionados, no siendo tampoco un simple grito, si no una liberación abrupta y sonora de toda nuestra tensión y energía que brota desde el hara.

Usarlo en este momento puede tener también otra intención, que es la de provocar intimidación en el oponente. Realizar un kiai poderoso y correcto puede desmoralizar a nuestro oponente e incluso borrar su deseo de hacerte frente. Se cuenta la historia de que el maestro Matsumura, en un enfrentamiento contra otro poderoso maestro, en las montañas, consiguió vencer el combate únicamente con el aura que transmitía y con un poderoso kiai que hizo a su oponente hincar la rodilla y rendirse, sin necesidad de asestar un solo golpe.

Siendo sincero, creo que la posibilidad de vencer a un oponente con un kiai, más aún en un confrontamiento real, son muy bajas, pero existen 


Antes de la técnica

Hay ocasiones en las cuales podemos soltar un kiai justo antes de lanzar nuestra técnica. Esto tiene múltiples usos. Puede ser antes de un ataque, una defensa o un contrataque. En este caso, y aunque se siguen respetando los matices técnicos mencionados anteriormente, el kiai tiene un propósito más distractorio, busca desconcertar al oponente, provocar que durante un breve instante su ataque sea menos potente o su reacción más lenta y eso nos facilite el acertar un golpe o realizar una defensa, o que nuestro ataque cause más daño al provocarle una leve distracción. Obviamente, para que funcione no sólo debemos respetar la técnica del kiai, si no también elegir el momento adecuado para hacerlo y no abusar de él, pues como con cualquier otra estrategia, pierde efectividad con su uso 


Durante la técnica

Dentro de este punto hay dos vertientes, quienes defienden que el kiai debe realizarse desde el inicio de la técnica hasta el final y quienes defienden que debe realizarse justo en el momento de contacto del ataque/defensa.

De principio a fin: El argumento a esto es que se busca imprimir potencia y energía a la técnica en sí misma, por lo que todo su recorrido debe tener kiai. En el caso de un tsuki, si sale desde la cadera, en el trayecto entre que el codo abandona la cadera y el impacto, si es un keri, desde el kakaekomiashi hasta el keri kanashi.

En el momento del impacto: El argumento en éste método es que ayuda a enfocar y concentrar la energía en un solo punto y en un momento concreto. En esta modalidad cobra gran importancia el concepto de chikara no kyōjaku (力の強弱) y el de tai no shinshuku (体の伸縮), pues requiere una gran precisión en cuando a la contracción-descontracción del cuerpo y del lugar y momento adecuado de concentrar la energía.

Entonces, dicho todo esto...


¿Cómo se pega un kiai?

Los puntos técnicos generales ya los he mencionado. El kiai surge desde el abdomen, fruto de la contracción abdominal junto a nuestro espíritu de lucha. No debe ser simplemente un grito desde la garganta, pues no solo carecerá de efectividad, si no que restará efectividad a nuestra técnica y mermará nuestra defensa (además de dejarnos un buen dolor de garganta). Algún ejercicio para trabajarlo es, precisamente, hacer como si diésemos un kiai, con todos sus elementos (no hace falta hacer técnicas), pero sin gritar. Cuando digo 'todos sus elementos' me refiero a incluso simular el grito. La gesticulación facial necesaria para dejar escapar el grito también se realiza, pero no dejamos escapar sonido. Un kiai mudo. Puede parecernos ridículo y tonto, pero es una gran forma de trabajar toda la mecánica del kiai sin obsesionarnos con el sonido (y sin molestar a los vecinos).

Pero ¿Y qué hay que gritar en un kiai?

Hay discrepancias. Cuando somos novicios, en sistemas como el karate, solemos simplemente gritar 'kiai' porque A: nos da vergüenza y B: no sabemos bien qué sonido emitir.

Algunas tradiciones afirman que hay un kiai específico para el ataque y otro para la defensa. Algunos estudiosos afirman que el kiai debe ser una sílaba con la A (A, TA, JA, SA, etc), ya que la apertura de boca de la A permite una liberación de aire más súbita y rápida que otras vocales, ayudando en la contracción explosiva y acortando el tiempo requerido para la técnica.

Hay escuelas como la Jigen-ryū que tienen kiai característicos, únicos y propios (Enkyō 猿叫, grito de mono), que consiste en un 'EIII' alto y muy prolongado, único en el mundo de las escuelas japonesas. El kiai del Shōtōkan-ryū deriva, en buena parte, de este kiai.

Y también hay quien afirma que no debe realizarse kiai. La mayoría de sistemas modernos ignoran el kiai y sólo se practica en sistemas tradicionales o de herencia tradicional, pero incluso en el mundo de las escuelas tradicionales había detractores. Sin ir más lejos, Miyamoto Musashi dice en su Libro de los cinco anillos que bajo ningún concepto debe realizarse kiai ni antes ni durante la técnica.


Por supuesto, hay muchísimas teorías sobre que el kiai era parte de una serie de técnicas secretas para matar a oponentes con la voz, destruir sus órganos y otras muchas cosas. Hay discrepancias sobre si realmente el kiai hace que nuestras técnicas sean más fuertes o no, pero es un hecho que en nuestro sentir personal tiene un efecto positivo (tal es así, que tenistas y otros deportistas gritan al golpear la bola en ocasiones) y está estudiado y contrastado. Respecto a matar y hacer explotar órganos con gritos, siento afirmar que es fantasía. Si un ser humano pudiese alcanzar una frecuencia de grito en la cual matase o destruyese cuerpos, ¿No sería él mismo el primero en autodestruirse por ello?


Pero entonces... ¿Los kiai de los kata de karate por qué tienen un orden y un lugar específico?

Siendo sincero, llevo años buscando información sobre esto y la realidad es que no hay absolutamente nada escrito sobre ello. Nada formal y mínimamente serio al menos. Lo que sí he encontrado es que hay escuelas de karate en las que no solo no es obligatorio dar kiai en los kata, si no que se permite darlos donde quieras y las veces que quieras siempre y cuando sean reales. Esto me lleva a pensar que, en realidad, antiguamente no había puntos establecidos para los kiai en los kata pero que, a medida que se iba intentando facilitar el aprendizaje y la práctica del karate, se fueron estableciendo puntos en los que dar el kiai simplemente para que los practicantes los realizasen y se acostumbrasen, ya que muchos kiai están en puntos ligeramente aleatorios del kata, algunos muy separados uno de otro, otros muy pegados, etc. Por eso creo que, más allá de la formalidad y sistematización, no hay ningún significado especial ni trascendental a los puntos de kiai en los kata y que, si se practican para uno mismo y de corazón, es perfectamente válido el dar kiai donde a uno verdaderamente le salga de dentro, ignorando sistematizaciones.

miércoles, 27 de enero de 2021

Karate japonés y karate okinawense: Falsas concepciones de uno, otro y sobre el papel de ambos en la defensa personal. La realidad sobre Motobu y Funakoshi.

En vista de las recientes discusiones que hay por diferentes medios sobre las diferencias entre el karate japonés y el okinawense y la superioridad como sistema de defensa personal y de metodología de uno respecto al otro (buena parte de estas discusiones iniciadas a raíz de la visualización de algún vídeo del YouTuber e instructor de karate Jesse Enkamp), me he decidido a hacer una recapitulación de varias afirmaciones y concepciones que se hacen sobre ambos tipos de karate, la supuesta eficacia superior de uno con respecto al otro en una situación real y la mecánica de trabajo para afrontar dichas situaciones de uno y otro para desmentir algunas falsas creencias que hay en torno a toda esta temática. Sin más dilación, voy a comenzar a enumerar algunas de estas afirmaciones y a comentarlas y mencionar por qué o en qué medidas son falsas.

El karate okinawense es para la defensa personal y el japonés es para competir porque la defensa personal se da en distancia corta, que es la distancia en la que trabaja el karate okinawense. El japonés es deportivo porque la distancia media-larga es para conseguir puntos.

Esta afirmación, muy concurrida de un tiempo para acá por practicantes de karate okinawense (sobre todo tras habérsela escuchado repetir hasta la saciedad al YouTuber arriba mencionado) es una verdad (o mentira) a medias. Efectivamente, la defensa personal no sólo puede empezar en la distancia corta, si no que es muy posible que en algún momento el agresor acorte la distancia quedando muy cerca de nosotros. Evidentemente, cuando esto ocurre, debemos saber defendernos y desenvolvernos en esta situación. 

¿Significa esto que la distancia corta es la distancia ideal y suprema para la defensa personal? Absolutamente no. La distancia corta debe ser una distancia de transición, un lugar en el que no debemos querer estar y debemos buscar salir lo más rápido posible y, sobre todo, evitar entrar todo lo posible. Como refuerzo para mi argumento, voy a usar este vídeo en el cual Yagi Ippei, maestro de Goju-ryū, en el minuto 1:30 dice, claramente, hablando sobre cómo manejaría una situación de defensa personal real, 'No dejaría que el oponente se acerque más de esta distancia', procediendo a indicar que usaría una mano para mantener la distancia y si lo ve claro golpear. Segundos después dice 'No me gusta acercarme demasiado'. La distancia que está manejando es media, media-corta a lo sumo, una de las distancias en las que se especializa, precisamente, el Shōtōkan-ryū.

En una situación real, la distancia segura es la media-larga. En esa distancia, controlamos al agresor, controlamos sus movimientos tanto de cuerpo como de mano (por si intenta agarrar o sacar un arma cercana o escondida), controlamos nuestro entorno (al mantener la distancia con el oponente, podemos tener una visión más clara de nuestros alrededores sin dejar de vigilar al agresor) y, de este modo, controlar a otras personas alrededor (por si alguno de ellos es acompañante del agresor, o si están escondidos esperando una oportunidad). Cuando entramos en la distancia corta dejamos de ser capaces de ver y controlar el entorno, la gente que nos rodea y la totalidad del oponente. Todo esto implica y aumenta la probabilidad de una serie de riesgos peligrosos, desde que podemos tropezar con algo en el movimiento hasta que si aparecen acompañantes del agresor podemos no verlos o que el mismo agresor saque o alcance un arma sin que podamos verlo con claridad. Por eso, la distancia corta es el segundo peor lugar en el que podemos estar en una situación real (ya hablaré más adelante del primero) y debemos, en primer lugar, tratar de evitar llegar a este por todos los medios. De nuevo, ¿qué estilo trabaja, precisamente, buscando mantener y trabajar desde la distancia media-larga, tanto en ataque como en defensa? Shōtōkan-ryu.

¿Significa esto que es mejor no aprender a luchar en distancia corta y aprender únicamente distancia media-larga? De ninguna manera. Hay que aprender a manejar todas las distancias ya que, como he dicho anteriormente, no es raro que más pronto o más tarde una situación real nos lleve a la distancia corta y la única forma de saber desenvolverse en ella es haberla trabajado. Lo que significa todo esto que digo es que nuestra prioridad en una situación real debe ser siempre mantener la distancia media-larga y, cuando la perdamos, poner todos nuestros recursos para recuperarla y volver a ella.

Por eso, por ser un sistema que nos enseña a trabajar en la distancia media-larga (y, tras el bunkai del kata y su aplicación desde una perspectiva pragmática, también en distancia corta), el Shōtōkan-ryu es un estilo tan bueno para la defensa personal y las situaciones reales como cualquier sistema de karate okinawense. Creer que, como el karate japonés se especializa y predomina (que no significa que se centre únicamente en ello) la distancia media-larga, su única utilidad es la deportiva es un error. Si bien, por normativa, esa distancia es la que se usa en el karate deportivo, deportivo no es sinónimo de japonés, entre otras cosas porque también participan en karate deportivo practicantes de karate okinawense. Aprendamos a distinguir el karate deportivo del karate Budō, sea japonés u okinawense y a ver los puntos fuertes de uno y otro para poder aprenderlos y ser mejores budōka.

El karate japonés es irreal porque busca terminar con un solo golpe. El 'ichi geki, hisatsu' es mentira y en el karate okinawense no se busca, se quiere derribar y finalizar al oponente.

Aquí se puede hablar largo y tendido, desde la concepción errónea de ese concepto hasta la mentira de que en el karate okinawense no se busca esa idea. Muchos insisten en golpes más similares a los atemi de aikido, krav maga o similares, que se realizan como golpes leves que, supuestamente, desconciertan y aturden al oponente para permitirnos realizar nuestro numerito de técnicas. Sobra decir que cuando alguien está acostumbrado a recibir golpes (cosa nada rara en agresores callejeros, sobre todo si han recibido formación en lucha, cosa nada rara hoy día), no los va a frenar un golpecito en la cara. ¿Habéis visto los combates de boxeadores o de UFC, en los cuales uno avanza lanzando golpes, el otro retrocede dando golpes, los dos se están dando en la cara con fuerza y ninguno se detiene? Pues imaginad que, en lugar de esos golpes potentes, uno de ellos está dando atemi suave para aturdir. Sería irrisorio. Eso sí es irreal desde la visión de la defensa personal, el pensar que un golpe leve en la cara a alguien acostumbrado a recibir golpes lo va a aturdir o frenar para que nos permita realizar un derribo.

Pero, retomando el tema, si nos remitimos de nuevo al vídeo mencionado anteriormente sobre Yagi Ippei, en el minuto 2:41, dice textualmente 'El karate okinawense debe terminar con un solo golpe'. Algunos podrían decirme que Yagi Ippei practica Goju-ryū moderno, que está 'aguado' o 'contaminado' por ideas del karate japonés. En ese caso, podemos remitirnos a Itosu Anko, alumno de Matsumura Sokon, practicante de Shuri-te y maestro no solo de Funakoshi Gichin, si no también de otros como Motobu Choyu y Choki (Motobu-ryū), Yabu Kentsū (Shorin-ryū), Hanashiro Chōmo (Shorin-ryū), Mabuni Kenwa (Shito-ryū) o Chibana Chōsin (Kobayashi-ryū).

Itosu era famoso por su gran fuerza y su capacidad, habilidad y preferencia para acabar combates con un solo golpe. Es considerado por muchos eruditos y estudiosos del karate no solo como el abuelo del karate, si no como el primero en poner en práctica y fomentar la preferencia de 'un golpe, una muerte'. Hay diversas fuentes que cuentan cómo Itosu era famoso por esto, por vencer a sus oponentes con un golpe, incluso en una agresión de varios oponentes. Ya son dos fuentes que hablan de que el karate okinawense (ya que Itosu practicaba karate okinawense puro) también busca esa idea de finalizar con un solo ataque.

Ahora, ¿es realista esa perspectiva de la defensa personal? sí y no. Es realista porque, por un lado, efectivamente nuestra intención debe ser esa, que nuestro golpe sea definitivo, que no necesitemos nada más que eso para finalizar a un agresor. No es realista porque hay demasiados factores a tener en cuenta para que dicho concepto se manifieste: nuestra constitución física/fuerza, la del agresor, el contexto en que se produce la agresión, dónde aplicamos ese primer golpe, etc. ¿Significa eso que es mejor entrenar para golpes rápidos y continuos que para un solo golpe poderoso y definitivo? realmente no. Significa que debemos entrenar para conseguir que cada golpe nuestro sea definitivo, y que luego cuando realicemos una combinación de golpes seamos capaces de que cada golpe de esa combinación sea definitivo. Debemos golpear con esa determinación, con esa intención. Poner el 200% de nosotros en cada golpe, aunque sea una combinación. La concepción que tienen muchas personas externas (e internas) al karate japonés de que no hay que trabajar combinaciones porque 'se debe buscar un golpe una muerte' es no solo absurda e irreal, si no errónea. Y, de nuevo, no es exclusiva al karate japonés si no que se hereda del okinawense.

En el karate okinawense no hay patadas altas, son un invento del karate japonés para la competición, son imprácticas para el objetivo del karate, sólo útiles en competición y no es necesario entrenarlas.

De nuevo, esta es una de esas afirmaciones que, aunque no son completamente falsas, sí son erróneas. Por un lado, el insistente comentario de que 'en el karate okinawense no existen las patadas por encima de la cintura'. Por mucho que algunos lo hayan olvidado, Funakoshi Gichin era practicante de karate okinawense, y era lo que enseñaba incluso cuando se fue a Japón. Fue su hijo, Gigo, quien sistematizó buena parte de las patadas altas y, además la mayoría de patadas que tenemos hoy en karate (mawashigeri, kaiten ushirogeri, ura mawashigeri, etc.) y las diferentes variaciones de estas (keage, kekomi...). Y, a pesar de las recientes creencias, debidas a las afirmaciones plenas de cierta personalidad de YouTube, no hay ningún indicio ni prueba de que tomase o copiase esas patadas del savate francés. Pudo tomarlas del savate, o de algún sistema de kung fu norteño, o del taekkyon koreano o se le podrían haber ocurrido (los que ayudaron a Gigo a sistematizar el Shōtōkan-ryū insisten en que Gigo inventó mawashigeri pensando en la idea de dar un maegeri pero desde el lado), pero esa es discusión para otra publicación.

El caso, es que Gichin era practicante de karate okinawense, y en su libro Karate-do Kyōhan, considerado en su edición original el máximo exponente de Shōtōkan-ryū pre-Gigo, es decir, previo a las modificaciones que este realizó, menciona, por un lado, las zonas a las que se puede lanzar kebanashigeri (que, a efectos prácticos, vendría a ser lo que hoy llamamos maegeri keage), mencionando entre los objetivos el pecho del oponente. Llamadme loco, pero el pecho de una persona está bastante más arriba de su cadera y abdomen. Quizá no llegue a ser una patada nivel jōdan, pero es una patada bastante alta, nada que ver con el chūdan bajo de las patadas al abdomen o costados. No solo eso, si no que también habla de las tobigeri, las patadas en salto. De nuevo, llamadme loco, pero las patadas en salto, por su naturaleza, tienden a ser no solo patadas vistosas, si no también altas.

Esto se ocupa del erróneo pensamiento de que no hay patadas altas en el karate okinawense, pero ¿es necesario aprender patadas jōdan o kaitengeri? ¿son útiles para defensa personal, o sólo sirven para que queden bonitas y den puntos en competición? una vez más, la respuesta no es tan simple como 'sí' o 'no'. Es una verdad evidente que las patadas por encima de la cintura en una situación real implican una relación beneficio/riesgo que, normalmente, no sale a cuenta. Pasa igual con las patadas con giro o kaitengeri. El riesgo de resbalar, tropezar, que la ropa nos incomode o el tiempo de vulnerabilidad si el agresor es capaz de esquivarnos o, peor, agarrarnos, no se ve compensado por el beneficio de acertar esa patada en su cara, más aún habiendo otras muchas opciones con una ratio beneficio/riesgo bastante más positiva.

¿Significa eso que no debemos aprender, entrenar y trabajar ataque y defensa de patadas jōdan y kaitengeri? no, todo lo contrario. Debemos trabajarlas exactamente igual que las patadas chūdan y las patadas gedan. Pasa algo similar que con el trabajo de distancias. Por un lado, no podemos desechar la posibilidad de que nuestro agresor sea alguien que ha recibido formación en lucha. Cada día son más la gente que practica artes marciales, y muchísima gente se apunta a deportes de contacto como kick boxing, thai boxing o sistemas como wing tsun, jeet kune do y otros sistemas, con la intención de usar los conocimientos que adquieren de mala manera. Por eso, de entrada, no podemos asumir que nuestro oponente no sabrá luchar, si no todo lo contrario. Con esto en mente, o simplemente teniendo en mente lo aleatoria y caótica que puede ser una situación de agresión real, no podemos desechar la posibilidad de que nuestro oponente vaya a lanzarnos una patada a la cara, incluso una buena patada.

¿Qué pasa si no estamos acostumbrados a recibir patadas a nivel jōdan, tanto en entrenamiento de yakusoku kumite como en trabajos de jyū kumite? No sé si recordáis que ocurrió cuando los Gracie comenzaron a expandir y popularizar su sistema de ne waza, el Brazilian jiujitsu. Resumiendo, lo que ocurrió básicamente fue que decenas de luchadores de decenas de sistemas, no acostumbrados a trabajar derribos y entradas a piernas, en cuanto se veían venir a un tipo para agarrarles y derribarlos, se bloqueaban sin saber qué hacer, o trataban de golpearles esperando que uno o dos golpes lo aturdiese y frenase. ¿Resultado? todos al suelo y hechos un nudo en segundos. Exactamente lo mismo pasa con las patadas altas. Si no estás acostumbrado a trabajar con patadas altas, cuando alguien lance una tu cuerpo no va a reaccionar contra eso, porque le es desconocido. Pero no basta con soltar una patada y ya, del mismo modo que no basta tirarte a las piernas del otro para trabajar derribos, es necesario aprenderlo adecuadamente, con técnica, de modo que las defensas se realicen contra ataques efectivos y nuestras defensas sean verdaderamente pragmáticas y efectivas. Si trabajamos defensas contra técnicas inefectivas o erróneas, lo que aprenderemos no será realmente útil y pasaremos un mal rato si nos vemos en esa situación el día de mañana.

Pero este no es el único motivo por el cual es necesario y adecuado trabajar patadas altas (además de medias y bajas). El karate, como la mayoría de artes marciales, no se basa simplemente en lo que va a serme útil y necesario para defensa personal, también trata de desarrollo personal y físico, de mejorar nuestra salud, fuerza y control sobre nuestro cuerpo. Las patadas altas con precisión y potencia, patadas con giro y de más son trabajos para condicionar nuestro cuerpo y nuestras aptitudes. Además, cuando más y mejor desarrollemos las patadas a niveles más altos, mejor vamos a ser capaces de realizar las patadas a niveles más bajos del mismo modo que, si somos capaces de realizar con una técnica correcta un derribo a alguien que pese 20kg más que nosotros, cuando derribemos a alguien de nuestro peso nos resultará mucho más sencillo. Evidentemente, habrá personas que por su contexto personal (edad, problemas físicos, fisiología, etc.) no puedan dar vistosas patadas altas, pero no se trata de eso, si no de conseguir poner a prueba nuestros límites y ver hasta dónde podemos llegar con esfuerzo y trabajo y de mejorar al máximo, de ser lo mejor que nos permita nuestro cuerpo.

Por supuesto, todo este asunto de las patadas altas, que de algún modo conecta también con el tema anterior de las distancias en la defensa personal, también guarda relación con el trabajo de suelo, ne waza, y el trabajo de kumite, del cual ya hablo en la publicación sobre la defensa personal y el combate. Para aprender a desenvolvernos frente a algo, o en un contexto, debemos trabajarlo y aplicarlo en situaciones de estrés y no colaboración y, sobre todo, con la técnica y metodología correcta. Porque nunca sabemos qué puede surgir en una situación real, ni a qué puede recurrir el agresor.

Las posiciones bajas del karate japonés son innecesarias y únicamente útiles para el contexto de competición. Sólo las posiciones altas del karate okinawense son útiles para la defensa personal.

Nos vemos, una vez más, en el mismo contexto que con la distancia y las patadas altas. Se insiste mucho en que las posiciones más amplias y bajas del karate japonés, como zenkutsudachi, no sirven en la defensa personal y que en una situación real no vamos a tener espacio para usar semejantes posiciones. Por un lado, olvidamos que buena parte de las posiciones de karate, altas o bajas, son transicionales y contextuales, es decir, que se utilizan o bien para pasar de una fase a otra o bien para unos contextos bastante específicos. Cualquier practicante de karate japonés que conozca y domine mínimamente la defensa personal, en una situación real, va a usar de modo general una posición más cómoda como motodachi, bastante más similar a la posición estándar del karate okinawense, y pasará de forma transicional a una posición u otra según las acciones que realice, sin mantenerse fijo en una posición por mucho tiempo.

Pero, además, posiciones como zenkutsudachi o fudōdachi, ligeramente acomodadas y adaptadas, son posiciones ideales para desplazarse de forma rápida y ágil a la vez que recorremos una buena distancia, siendo ideales para ayudarnos a mantener la distancia con el oponente y, al mismo tiempo, ayudarnos a acortarla rápidamente para encajar un buen ataque en el momento adecuado que, como ya hemos dicho al principio de esta publicación, debería ser nuestro objetivo principal siempre que nos sea posible, buscar y mantener la distancia media-larga y tratar de finalizar con un golpe en el momento adecuado, evitando todo lo posible caer en la distancia corta. Una vez más, eso no significa que no deban trabajarse posiciones altas y cortas, si no todo lo contrario. Como siempre podemos vernos en un contexto en que salir de la distancia corta no sea una opción, o simplemente hemos caído en ella, debemos ser capaces de desenvolvernos en ese ambiente con una posición adecuada y buscar resolver la situación o salir de ahí lo más rápido posible.

Y, al igual que con las patadas, las posiciones bajas nos ayudan y permiten trabajar y condicionar nuestro cuerpo y nuestras piernas, ganar potencia y resistencia, mejorar el uso de la cadera, la conexión con el suelo y el modo de canalizar la energía desde el suelo hasta el puño, codo, rodilla, etc. facilitándonos luego trasladar esa sensación a posiciones más altas y cómodas. Por eso, el trabajar posiciones bajas es beneficioso e ideal, a la vez que útil.

El karate okinawense sirve para la defensa personal, Motobu Choki lo probó en cientos de enfrentamientos. El karate japonés es para el deporte, Funakoshi Gichin no era buen luchador ni le gustaba el combate, así que el karate que se desarrolla en Japón es peor. Motobu venció a Funakoshi en combate.

Hay mucho revuelo, y medias verdades, sobre esta afirmación, sobre todo después de que cierto YouTuber, de nuevo, sacase a la luz cierto vídeo esgrimiendo teorías, verdades parciales u opiniones como si fuesen la verdad absoluta, aprovechándose de su posición como 'personalidad' del karate. Vamos por partes: 

Motobu Choki. Un personaje que, durante mucho tiempo, no se le ha prestado nada de atención y, de repente, se ha convertido en la quintaesencia y máximo exponente del karate okinawense y, parece ser, el único que ha probado su karate en 'confrontamientos reales'. ¿Quién es Motobu Choki? Descendiente de la familia real de Okinawa, tercer hijo de su familia, por lo que no tuvo derecho a aprender el sistema de karate (llamado 'te' en aquella época) familiar. Según los testimonios, de mal carácter, camorrista y poco educado, pero parte de la realeza okinawense. Por su naturaleza, los maestros de karate de la época no solo no lo aguantaban, si no que realmente tampoco querían enseñarle, ya que era propenso a ir a buscar pelea a los barrios rojos, pero no podían negarse a ello por su origen noble. Por ello, se limitaban a enseñarle lo básico a regañadientes, para cumplir, y poco más, sin atreverse nadie a llevarle la contraria por sus actividades de camorrista al considerarse una falta de respeto.

Ahora, analicemos bien eso de 'confrontamientos reales en los barrios rojos'. Si cualquier persona presume de 'experto en defensa personal con amplia experiencia en el campo', sospecha. ¿Cómo adquiere alguien 'amplia experiencia en la defensa personal' para ser un experto en esto? quiero decir, a cualquiera puede habernos ocurrido algún altercado y haber tenido que defendernos, pero por norma general lo natural es tratar de evitar esos conflictos y, cuando se producen, evitar la confrontación al máximo. Como ya menciono en la publicación de la defensa más allá de las artes marciales, la defensa personal más efectiva es aquella que no se produce, es decir, cualquier día que logramos evitar un enfrentamiento, y en caso de enfrentamiento logramos evitar la agresión, es una defensa personal efectiva. Si una persona 'tiene amplia experiencia en situaciones de defensa personal', ¿no será que, más que defensa personal, esa persona ejerce la agresión ajena?. Imaginemos la situación: Motobu se va al barrio rojo y se para en mitad de la calle. Ojea y tantea el terreno, buscando con quién pelearse. Entonces, un pobre desgraciado, que lo mismo era algún mafiosillo, un cobrador, o lo mismo un mercader o noble medio borracho y que jamás ha soltado un bofetón, cruza miradas con él. Motobu decide que ese tipo le ha provocado y, sin previo aviso, se va hacia él y le suelta la primera hostia. Si te vas al primer desgraciado que te cruces, posiblemente borracho, y le sueltas la primera hostia sin que se la vea venir, está claro que las tornas de ese combate van a ir en tu favor. Pero ni eso es experiencia real, ni es defensa personal, es camorra pura y dura.
Pero vamos a ir más allá, vamos a imaginar que se peleaba con gente más curtida. Con los vigilantes de los locales o con los yakuza de la zona. Para que sea defensa personal, la otra persona debe ser quien intente provocarnos y agredirnos, y nosotros debemos tratar de evitar el altercado y defendernos (lo cual no significa no golpear primero) de su agresión. Pero si él iba al barrio rojo a probar sus habilidades, en muchos casos él sería el instigador de la pelea y buscaría activamente la búsqueda del conflicto, seguramente forzando, precisamente, a la otra persona a defenderse, o provocando un combate, algo muy diferente de una defensa personal. Incluso mirándolo desde esta perspectiva, al final toda la leyenda de Motobu encaja más o en la vida de un simple matón frustrado que golpeaba a cualquier desgraciado y se creía fuerte o, en su defecto, en la de alguien cuyo karate, en el mejor de los casos, es equiparable al de un luchador de MMA, kenka karate que lo llamaban, karate callejero, nada que ver con el karate para la defensa personal de Okinawa del que tanto se enorgullecen muchos de los que, hoy día, ensalzan la figura de Motobu.

Respecto al supuesto enfrentamiento entre Motobu y Funakoshi, ya la mayoría conoce la versión en la cual Motobu aparece en la escuela de Funakoshi, le reta y, sin que Funakoshi pueda evitarlo, Motobu le hace tres derribos de kotegaeshi y se marcha triunfante. Ok, pues esta es una de las al menos tres versiones que hay sobre esta historia. Y esta versión tiene, como único respaldo y fuente, la autobiografía de Motobu Choki. Es decir, esta maravillosa versión en la cual Motobu levanta la liebre de lo mal karateka que es Funakoshi y sale triunfal de la escuela consta únicamente en un libro escrito por el propio Motobu.

Otra versión de este mismo encuentro dice que Motobu estaba haciéndole preguntas a Funakoshi sobre cómo se defendería de un puñetazo y, cuando Funakoshi fue a mostrárselo, Motobu, de improviso, realizó la proyección, de forma sucia y bajuna.

Pero una versión que parece ser más creíble, básicamente porque es la versión contada por una tercera persona presente, Otsuka Hironori, fundador de Wadō-ryū, estudiante de Funakoshi Y uno de los que ayudó y apoyó a Motobu a establecerse en Japón, es decir, alguien ajeno e imparcial a ambas personas. Otsuka cuenta que, estando en la escuela de Funakoshi, Motobu apareció junto a un yondan de judō. El judōka agarró firmemente a Funakoshi de las solapas y Motobu le dijo 'Tan orgulloso que estás de tu kata básico, venga, libérate de este agarre, a ver qué utilidad tienen'. Sobra decir que un judōka joven, con un agarre firme y asentado, a un Funakoshi ya mayor, las probabilidades estaban en contra del viejo maestro. No hay que ser un genio para saber que es bastante difícil liberarse de un agarre fuerte, finalizado y consolidado. Aún así, Funakoshi intentó liberarse, tras lo cual fue alzado y lanzado por el judōka. Tras esto, se le preguntó a Otsuka si quería probar suerte, el cual con su trasfondo de jujutsu se ocupó sin dificultad del duelo.

Pero, incluso si la primera versión fuese cierta, pongámonos también en contexto: Motobu, miembro de la realeza okinawense. Funakoshi, de buena familia pero un simple profesor. Incluso fuera de Okinawa, la jerarquía entre ambos se mantiene. Y el primero aparece en la escuela del segundo demandando un duelo. Es absolutamente impensable que, incluso su Funakoshi fuese mil veces más fuerte que Motobu, le hubiese vencido, mucho menos dado una paliza. Funakoshi se habría dejado vencer una y otra vez porque habría sido una falta de respeto enorme que él, un simple profesor, diese una tunda a un miembro de la familia real de Okinawa. Y eso era algo que, irremediablemente, Motobu sabía.

Pero quiero llegar mucho más lejos en este tema, ya que esta historia se utiliza como mantra para decir que 'el karate okinawense es más efectivo para la defensa personal que el japonés porque Motobu probó su karate en cientos de combates'. Motobu no fue el único que probó su karate en enfrentamientos reales. Antes y después de él ha habido decenas. Matsumura, Azato e Itosu son tres ejemplos simples, pero si vamos a después de él y en karate japonés, Funakoshi Gigo participó en muchos combates (y sí, es cierto que perdió un combate contra practicantes de Goju-ryū, a raíz del cual comenzó a modificar su karate y a desarrollar el Shōtōkan-ryū) y buscó y probó los mejores métodos de realizar tsukiwaza y uchiwaza en cuerpos reales, buscando y estudiando de qué modos causaban más daños y más lesiones, Kase Taiji trabajó no solo de formador de kumite de la JKA, si no también de guardaespaldas, protegiendo a personalidades de agresiones reales y atentados contra sus vidas, Asai, Enoeda, Egami, Shirai, Aoki... Muchos de ellos, al igual que Motobu, han probado su karate en combates reales. Algunos, formando o siendo parte del ejército durante la II Guerra Mundial, otros, al igual que Motobu, en los barrios rojo, otros en combates entre las universidades con contacto pleno (contacto del estilo de acabar con dos, tres o cuatro dientes menos, en ambulancia al hospital, etc.), sin mencionar el estado del Japón de la post-guerra y la cantidad de asaltos que se producían por la pobreza y carencias que pasaba el país. Motobu no fue el primero ni el último en poner a prueba su karate en situaciones reales, y la mayoría de otros exponentes sí estaban usando su karate como defensa personal, al contrario que él.

domingo, 25 de octubre de 2020

La realidad (y la falsedad) sobre los samurai y los ninja. Parte 2 - Ninja, ¿qué son? ¿dónde y cuando surgen?

Para la primera parte:

La realidad (y la falsedad) sobre sobre los samurai y los ninja. Parte 1 - Samurai, ¿qué son? ¿dónde y cuando surgen?


Si el mundo del samurai ya estaba lleno de mitos, leyendas, misticismos y malconcepciones debido al romanticismo e idolatría de estos guerreros a lo largo de los años, el mundo del ninja, bastante más oscuro y carente de pruebas escritas, manchado por la cultura pop de los 80 y usado por personajes sin escrúpulos para vender su producto (falsas escuelas ninja) y lucrarse, no iba a ser menos.

De las primeras cosas que me gustaría tratar es el nombre en sí y algunas creencias generales de los ninja. Aunque generalmente, y debido a la cultura pop de los 80, se les llama ninja (忍者), el nombre real y completo de este colectivo es shinobi no mono (忍びの者) y se traduce, de forma más o menos sistemática, por 'espía', pues shinobu (忍), aunque tiene como posibles significados 'tolerancia' o 'perseverancia' o 'resistencia', también se utiliza como 'sigilo'. De nuevo, fruto de la cultura pop de los 80, se cree que los shinobi no mono vestían de negro, con capuchas, espadas cortas de hoja recta y que lanzaban estrellas. Todo esto es falso. O parcialmente falso en realidad. Siendo los shinobi no mono espías principalmente, lo ideal para estos sería pasar desapercibidos, por lo que no tiene sentido tener una vestimenta específica y característica que los delate. Los shinobi no mono se vestían como aldeanos, jardineros, cocineros o como cualquier persona normal de la región o zona donde tuviesen que ejercer su trabajo. Tampoco tenían una espada propia y característica. El famoso mito del ninjatō (忍者刀) es eso, un mito. Aunque hay indicios de la existencia de espadas de hoja recta, nada indica que esta espada fuese exclusiva de los samurai, si no que era, simplemente, un tipo de espada más que existía y se usaba en general, posiblemente entre los ashigaru incluso. El shuriken (手裏剣), generalmente identificado como la estrella ninja, es en realidad una técnica ya existente en muchas ryūha (流派, escuelas) de kenjutsu (剣術, esgrima japonesa), incluso en el Heihō Nitenichi-ryū (兵法二天一流) de Miyamoto Musashi, que se basaba en el lanzamiento de la espada, generalmente el wakizashi, como técnica de distracción y sorpresa, no una técnica exclusiva y única de los ninja, deshonrosa e impensable para los samurai. Tampoco eran, principalmente, asesinos. De hecho, hay pocos asesinatos encargados a los shinobi no mono y, de los pocos atribuidos a ellos, se les atribuyen únicamente por las raras condiciones en las que se ha producido la muerte o por carencia de datos escritos de dicha muerte (por ejemplo, la muerte de Uesogi Kenshin se dice que la realizó un shinobi no mono en su baño, pero estudiosos modernos creen que murió de cáncer estomacal, esofágico o de enfermedad cerebrovascular).

Cabe apuntar que, del mismo modo que nosotros, en ocasiones, no conocemos matices y detalles sobre nuestra historia y personajes famosos de nuestro país, en Japón tampoco hay un conocimiento general, por parte del pueblo, amplio sobre la temática ninja (y, en ocasiones, samurai), por lo que incluso allí se ha extendido y popularizado la visión ninja de la cultura pop de los 80, lo cual favorece la perpetuación de ideas y mitos erróneos sobre estos colectivos.

Pero, entonces, si todos estos datos son falsos o medias verdades,

¿Qué son? ¿dónde y cuando surgen los shinobi no mono?

Aunque en ocasiones se atribuye el título de ninja al príncipe semilegendario Yamato Tokeru, del s.IV, porque en el Kojiki se cuenta cómo se disfraza de mujer para matar a dos jefes de la tribu de los Kumaso, son hechos tan remotos que es cuestionable que guarden relación real con los ninja de tiempos más recientes. No es hasta el s.XV que realmente se comienza a entrenar de forma más profesional a los espías. Hay escritos de shinobi, haciendo referencia a agentes de inteligencia, espías, ya durante el Sengoku Jidai. Solían ser mercenarios que se contrataban para recabar información, provocar reyertas, sabotear, expandir rumores y tareas similares.

En general, cualquier persona dedicada al espionaje o enviada como agente doble era catalogada como shinobi, independientemente de que tuviese cualquier tipo de formación marcial, de ocultación, de venenos o de explosivos. La formación marcial no era necesaria y, de hecho, lo realmente considerado ninjutsu (忍術) no era ningún sistema de combate ni de arma de ningún tipo, si no las habilidades de infiltración, de camuflaje y ocultación, de recabar información y de causar reyertas o alzamientos, lo que hoy día se conoce como 'contrainteligencia'. Como shinobi podían ejercer desde trabajadores del castillo hasta un aldeano contratado para ese fin, pasando por samurai o mercenarios con formación más amplia en lucha y otros ámbitos. En ocasiones se usaban prostitutas, enviadas a estados enemigos para ejercer allí, ya que los generales enemigos que acudiesen a usar sus servicios podían irse de la lengua al relajarse hablando con ellas. Otras veces era un jardinero del castillo, que llevaba años tratando de conseguir esa posición. Otras veces era un samurai que había conseguido un cargo entre sus lineas. Y otras, efectivamente, era alguien con formación en infiltración y camuflaje que paseaba por los pasillos como si fuese un sirviente, solo para unas horas después huir sin que nadie le vea, tras haber escuchado furtivamente una conversación privada.

Entre los clanes más conocidos de ninja están el de Koga (甲賀) y el de Iga (伊賀), pertenecientes a las provincias del mismo nombre. Eran dos clanes de mercenarios especializados en infiltración y camuflaje, de los cuales se dice Yagyu Munenori, maestro de esgrima del shogun, era muy cercano al tener su aldea cerca de ambos. Como ya he mencionado, Koga e Iga preparaban ninjas profesionales, especializados en la tarea de obtener información y pasar desapercibidos. También recibían formación marcial, pero su especialidad era el ninjutsu, el espionaje y contrainteligencia. Los diferentes Daimyō hicieron buen uso de estos hasta que Oda Nobunaga atacó y arrasó la aldea de Iga, acabando con los clanes. Algunos de los supervivientes huyeron hacia Tokugawa Ieyasu, el cual los acogió y trató bien, convirtiéndose en parte importante de su ejército y recibiendo el rango de samurai ejerciendo como guardaespaldas, siendo Hattori Hanzo uno de los más famosos y conocidos. Tokugawa también hizo uso de los ninjas de Koga para diferentes tareas, incluyendo algún asesinato y la defensa del castillo de Fushimi durante la Batalla de Sekigahara. Se dice que, tras la victoria de Tokugawa, los ninjas de Iga ejercieron como guardias del interior del castillo de Edo mientras que los de Koga eran guardias de la puerta exterior.

El último testimonio escrito del uso de ninja en batallas fue en 1637 durante la Rebelión de Shimabara, donde Tokugawa Iemitsu usó mercenarios Koga contra rebeldes cristianos liderados por Amakusa Shirō. Ya en el período Edo, con la paz consolidada y el país unificado bajo un único señor, la mayoría de ninja, al igual que los samurai, perdieron su trabajo y tuvieron que dedicarse a otras tareas como médicos, vendedores de medicina, mercaderes, artistas marciales o fabricantes de fuegos de artificio aprovechando sus conocimientos. Otros tuvieron la suerte de ser contratados como guardaespaldas, espías, patrulleros anti incendios, etc. por los diferentes daimyō. Los que tuvieron peor suerte cayeron en el vandalismo, al igual que los samurai, siendo famosos algunos como Fūma Kotarō o Ishikawa Goemon.

A principios del s.XVIII, Tokugawa Yoshimune funda el Oniwaban (御庭番, Guardianes del jardín), un grupo de onmitsu (隠密, encubierto) una agencia de inteligencia y servicio secreto que recababan información sobre los daimyō y gobernantes oficiales. Debido a la tradición del gobierno Tokugawa de usar a los ninjas de Iga y Koga, se cree que el Oniwaban podía estar formado, al menos en parte, por miembros de estos clanes, aunque no hay ningún tipo de información escrita que verifique esta teoría ni nada que certifique un vínculo entre el shinobi y el Oniwaban.

Más allá de esto, lo único que hay son rumores sobre el uso de ninja en los finales del período Tokugawa para espiar a los opositores al shogunato e incluso a los EEUU, pero esto son solo rumores y teorías, no hay certeza escrita y contrastada sobre esto.

Con la información contrastada y verificada presente, podemos afirmar que los ninja ejercían como espías, recabadores de información, propagadores de rumores, tramperos, conocedores de química y farmacología e iniciadores de reyertas principalmente, que en ocasiones puntuales se contrataban mercenarios para cometer asesinatos y que lo que llamaban ninjutsu son las técnicas de infiltración, espionaje, contrainteligencia, trampería, farmacología y sabotaje de la época, elementos con los que la mayoría de ninjas estaban familiarizados, al menos con la infiltración, camuflaje y recabado de información, mientras que algunos, además, también estaban familiarizados con el taijutsu (体術) o bukijutsu (武器術), la lucha cuerpo a cuerpo o con armas. Incluso si ojeamos algunos de los manuales ninja de la época, como el Shoninki (正 忍 記), el Bansenshukai (萬川集海) y el Ninpiden (忍秘傳), descubriremos que ninguno de los pergaminos de estos libros están dedicados al taijutsu o al bukijutsu, si no exclusivamente al espionaje, ocultación, herramientas y similares. Con las pruebas y datos oficiales y certificados que tenemos, se puede afirmar que los ninjas aprendían ninjutsu (infiltración y espionaje) y algunos aprendían taijutsu y bukijutsu, pero esto último no era obligatorio en todos los casos, ni siquiera en los ninja profesionales de Koga e Iga. Si a eso le sumamos que los supervivientes de Koga e Iga se convirtiesen en samurai de Tokugawa, formando y enseñando las técnicas a nuevos samurai que entraban a su cargo, cabe pensar que, al final, las técnicas de ninjutsu que eran exclusivas de Koga e Iga se fuesen diluyendo poco a poco y acabasen formando parte del compendio de bujutsu que aprendían los samurai de Tokugawa, convirtiéndose ambos grupos, samurai y ninja, en uno solo que aprendían un compendio de lecciones comunes de bujutsu (con taijutsu, bukijutsu, heihō [兵法, estrategia], ninjutsu y un largo etcétera). Es posible que, precisamente, en ese momento fuese cuando nació el Oniwaban, cuando los supervivientes de Koga e Iga pierden su identidad específica al mezclarse esta con las enseñanzas internas de los samurai de Tokugawa, naciendo un grupo completamente nuevo de espías e inteligencia.

Como cierre a ambas partes de los artículos creo que podemos concluir que para los samurai no existen cosas como técnicas o armas deshonrosas, al menos hasta bien entrado el período Tokugawa (s.XVII), que su código de honor es algo relativamente moderno que se comenta en el s.XVII por Yamamoto Tsunemoto y Daidōji Yūzan y algunas historias/novelas, con pocas fuentes más, y que no consta escrito hasta el XX por Nitobe Inazō. Que los ninja no son opuestos a los samurai ni hacían cosas que estos no podían, pues muchos samurai ejercían de shinobi, que lo que conocemos por ninjutsu o shinobijutsu era en realidad el espionaje, contrainteligencia y ocultación y que el ninja no necesitaba saber luchar, aunque algunos supiesen hacerlo y tuviesen formación en algún taijutsu. Hoy día, con las pruebas verdaderas y contrastadas que tenemos, podemos afirmar que el ninjutsu no es ningún tipo de lucha y que cualquier persona que enseñe ninjutsu como un arte de lucha con o sin armas no está enseñando ninjutsu, si no otra cosa, efectiva o no, pero otra cosa que no es ninjutsu.

Espero os haya sido útil el artículo en dos partes sobre los samurai y los ninja para esclarecer algunos puntos sobre estos y descubrir algunas falsas concepciones sobre ellos, como la romantización de unos, la apariencia física de otros o la supuesta rivalidad y oposición entre ambos.

jueves, 22 de octubre de 2020

La realidad (y la falsedad) sobre los samurai y los ninja. Parte 1 - Samurai, ¿qué son? ¿dónde y cuando surgen?

 Desde hace ya bastante tiempo, hay mucho debate sobre la temática de los samurai y los ninja, sobre qué son uno y otro, qué los diferencia, son opuestos, etc. Este debate se ha reavivado recientemente y se le han añadido nuevos temas debido a la reciente aparición del videojuego Ghost of Tsushima, que hace una representación (bastante libre) de la invasión mongola a la isla de Tsushima y cómo nuestro protagonista comienza a ignorar las tradiciones de honor y lucha samurai para adoptar posturas más duras y efectivas contra el invasor. En este artículo quiero comentar algunos puntos sobre la realidad, a nivel histórico, de los samurai y los ninja, así como desbancar algunos mitos y malconcepciones que hay sobre ellos. Lo separaré en dos partes, una para los samurai y otra para los ninja, ya que nada más que hablar de uno de ellos da para largo y tendido, más aún si hablamos de los dos. Aún así, intentaré hacerlo lo más breve posible y claro para todos. Sin más dilación, comienzo con la primera parte de este artículo:


Samurai,  ¿qué son? ¿dónde y cuando surgen?

Lo primero que deberíamos tener claro es ¿qué son los samurai? la mayoría de la gente tiende a limitarse a categorizar como 'samurai' a cualquier persona que lleve espada japonesa, generalmente categorizada como katana. La realidad es que 'samurai' (侍) es un título nobiliario. Sí, representa a un tipo de guerrero y sí, es japonés, pero es un título nobiliario. Un punto intermedio entre el soldado raso, ashigaru (足軽), y la aristocracia, kuge (公家). Eran nobles, con poder y riquezas. Evidentemente, dentro de la casta samurai había niveles, y había samurai con menos poder adquisitivo que los mercaderes y muchos tan pobres como los campesinos, pero a donde quiero llegar es que cualquier persona con una espada no era un samurai. Para ser samurai, había que recibir el título, que se representaba simbólicamente por el permiso a llevar el daishō (大小), el kit de espada larga, daitō (大刀), ya fuese uchigatana o katana, y espada corta, shōtō (小刀), ya fuese wakizashi o tantō. Estrictamente hablando, nadie fuera de la casta samurai tenía permiso para llevar ese kit a efectos sociales. Tampoco era necesario ser diestro en la lucha, ni estratega ni nada. A lo largo de la historia de Japón se le ha otorgado el título de samurai a monjes, a extranjeros sin formación en lucha, a políticos y un largo etcétera. De un modo similar a cuando hoy se le otorga el título de 'Sir' a alguien sin que lleve armadura y espada y cabalgue por Inglaterra.

Pero, entonces, ¿cómo se llaman todos esos guerreros con sus espadas, lanzas y arcos que había en Japón cuando no eran samurai? Mientras que samurai es una palabra que hace referencia a una clase social, que realmente no tiene traducción directa en nuestro idioma si nos limitamos a ese significado de casta, la palabra japonesa para guerrero es bushi (武士). Se pueden usar varias más para referirse a un guerrero, como senshi (戦士), bugeika (武芸家) o budōka (武闘家), la cual no debemos confundir con budōka (武道家) aunque tengan significados similares, pero en general y simplificando podemos limitarnos a bushi como término estándar para guerrero. De este modo, los yamabushi (山伏) o ascetas de la montaña eran bushi, pero no samurai. Una persona que practicase artes marciales de cualquier tipo, fuese noble o lacayo, sin vinculación a la casta samurai, era bushi pero no samurai. Muchos rōnin (浪人) eran bushi, pero no samurai. Todos estos eran guerreros, pero no eran samurai ni tenían derecho a portar el daishō. Del mismo modo podía darse al revés y, como he dicho, había personas que recibían el título de samurai pero no eran bushi al no tener formación en lucha como podían ser monjes, políticos e incluso extranjeros. Estos no eran guerreros, pero sí eran samurai y tenían derecho a portar el daishō, o al menos la espada corta, generalmente un tantō

¿Confuso? sí, un poco. Simplificándolo todo, como digo al principio, samurai es un título nobiliario que podía recibir cualquier persona, aunque generalmente se otorgaba a guerreros a cargo de un daimyō o se heredaba, que pertenecían a la nobleza y disfrutan de privilegios sociales, fiscales y políticos, a pesar de que hubiese samurai tan pobres como campesinos. Pero cualquier guerrero no es un samurai.

Entonces, ¿cuándo aparece el samurai?

La concepción actual del samurai es, en realidad, bastante moderna (menos de 500 años) y tiene muchísimos cambios a lo largo de la historia a medida que cambiaban las épocas y tiempos en Japón. El samurai comienza a aparecer como concepto alrededor del siglo VII-IX (Período Heian) cuando la corte imperial, buscando suprimir rebeliones y grupos que se oponían al gobierno en regiones lejanas de la capital (los emishi), comenzó a mandar representantes militares de la corte a dichas regiones bajo el nombre de ei'i-taishōgun (征夷大将軍). Estos representantes comenzaron a hacer uso, cada vez más, de poderosos clanes locales que se habían formado en las regiones, diestros en arquería y lucha a caballo.

Poco a poco, los clanes poderosos alrededor de Kyoto, capital imperial de la época, fueron asumiendo más y más poder, tomando posiciones políticas y como magistrados y tomando control sobre terrenos, imponiendo impuestos y pagos a los campesinos para enriquecerse o pagar deudas, impuestos que en ocasiones no podían pagar, provocando que los campesinos perdiesen sus terrenos. Muchos de estos clanes surgieron como grupos de campesinos que se unían para oponerse a los cobradores de impuestos, acumulando armamento y recursos, posteriormente uniéndose a otros clanes para defenderse de clanes más poderosos y así sucesivamente. Aunque al principio eran herramientas del emperador y la nobleza, mediante alianzas y respaldo político, recursos y aumento en su número consiguieron el primer gobierno samurai (la palabra viene de 'saburau', un término que hacía referencia a 'aquellos que servían a la nobleza', a pesar de que acaban siendo una casta social en sí misma y gobernantes del país). A medida que se hacían más poderosos, los líderes de estos clanes comenzaron a ser descendientes del emperador y representantes menores de los clanes Taira, Minamoto o Fujiwara. El mandato era temporal, de 4 años, pero los gobernantes, pasado el tiempo, se negaron a volver a Kyoto y su cargo acabó siendo heredado por sus hijos. Tras finalizar la guerra Genpei (1180-1185), con la victoria de Minamoto no Yoritomo, este recibió el derecho de nombrar shugo (守護, gobernador militar) y jitō (地頭, lugarteniente general), así como el poder de organizar policía y ejército y de cobrar ciertos impuestos. Originalmente, la labor de estos clanes labor era suprimir rebeliones y tomar provisiones militares, teniendo prohibido interferir en asuntos oficiales, pero poco a poco sus responsabilidades se extendieron, volviéndose la casta samurai el poder político gobernante en Japón.

Ya en el período Kamakura (1185-1333) estaba establecido el mandato del Shogun, quedando el emperador como una figura simbólica, y se dio el alzamiento como clase de los samurai al ser catalogados 'guardianes de la seguridad de los estados' y modelos a seguir de guerreros y ciudadanos. En esta época, el budismo zen comenzó a ser popular entre los samurai, comenzando a moldear sus ideales y conducta, principalmente superar el miedo a la muerte o a matar y buena parte de su desarrollo interno en busca del Satori, del mismo modo que buena parte de la mentalidad social estuvo moldeada por el confucionismo y el taoismo, hasta el punto de que hoy día la sociedad japonesa mantiene un patrón de conducta jerárquico a todos los niveles (marcial, escolar, laboral e incluso social en ocasiones) que proviene de estas enseñanzas. De este modo, por la influencia del zen, los samurai comenzarán a estudiar diversos textos y meditar, pero aún queda tiempo para que se dediquen de pleno y por costumbre a artes como el shodō, la pintura, la escritura de haiku o similares.

En 1274 se produce la primera invasión mongola a Japón, empezando en la isla de Tsushima. En esta época, aún se dista mucho del modelo de samurai que conocemos hoy día, culto y espiritual que busca el desarrollo interior. Del mismo modo, la katana que conocemos hoy día no existía aún. La espada usada en aquel entonces era el tachi (太刀), una espada bastante grande, pensada para usar a caballo, y pesada, además de tener una hoja poco flexible que se rompía y mellaba con facilidad. Lo difícil que era usar estas espadas a pie, junto a lo pesadas que eran y la rigidez de sus hojas fueron determinantes en la derrota, a nivel bélico, que los japoneses sufrieron contra los mongoles, pues las hojas de las armas japonesas (espadas y lanzas) no eran capaces de atravesar el cuero de las armaduras mongolas.

Tras ser expulsados los mongoles por un tifón que destruyó su flota y buena parte de su ejército, los samurai revisan toda su estrategia militar y armamentística, comenzando en este momento el método de herrería usando hierro laminado (ya usado en Europa y el Mediterraneo desde 2000 años atrás) en el que se alternan láminas de hierro duro y blando reforzado por una espina resistente y flexible que perfeccionarían en el s.XIV dando lugar a la icónica katana. Es en este período, posterior a la primera invasión de los mongoles, que los samurai ven el inicio de lo que posteriormente sería el guerrero letrado, estudioso y dedicado a las artes, pues hasta ahora su dedicación era la guerra. Aún así, tras repeler por segunda vez a los mongoles en 1281, comienza a producirse una 'relajación moral' entre los clanes samurai, siendo comunes las invasiones de unos a otros para ocupar sus terrenos. Todo esto desembocaría en el Sengoku Jidai (戦国時), la Era de los Estados en Guerra (1467-1615).

Una de las características de este período fue que la escalada social era relativamente sencilla, dándose muchos casos de personas nacidas en diferentes estratos sociales, ganándose un nombre como guerreros y convirtiéndose en samurai de facto. Uno de los ejemplos más claros de esto es Toyotomi Hideyoshi, que era un campesino, pasó a convertirse en uno de los generales de Oda Nobunaga y acabó siendo Daimyō. Es en esta época donde hay más evolución en las costumbres, estudios y prácticas de los samurai hacia lo que hoy día conocemos y concebimos como tal, parte de ellos introducidos por Oda Nobunaga, sobre todo a nivel militar. Comienzan a usarse términos como 'ser un auténtico samurai' o 'comportarse como un samurai', pero realmente no hay nada oficialmente establecido como la actitud o código de un samurai. Aún no se han escrito obras como el Hagakure (葉隠) o su contemporáneo el Budō Shoshin-shū (武道初心集), que datan del s.XVIII y son los máximos exponentes de la ética y moral samurai. Al final, lo que se consideraba una auténtica ética samurai variaba mucho de una persona a otra, de un señor feudal a otro e incluso de una región a otra, dependiendo de las necesidades específicas del señor feudal y lo que este valorase. Contra creencia popular, durante este período se generaliza el uso de cañones y arcabuces y, como enseña El arte de la guerra, uno de los textos estudiados en la época, el engaño y las artimañas eran comunes en esta época. Akechi Mitsuhide traicionó a Oda Nobunaga. Este último atacó templos budistas en los que se refugiaban monjes guerreros rebeldes que se oponían al gobierno, ignorando la ley de acogimiento a sagrado que tenían. Los estilos de lucha contaban con cientos de técnicas que hoy se catalogan como 'sucias'. Remates a enemigos caídos, lanzamientos de espada o de tierra, técnicas de distracción y otras mil cosas que se catalogan de 'poco honorables'. Algunos estilos de esgrima eran tan brutales, como el Jigen-ryū (示現流), que los cuerpos de las víctimas de los practicantes se encontraban en los campos de batalla partidos del hombro a la cadera, a pesar de la armadura. Los kata de esta escuela carecen de saludos iniciales y finales, dando a entender que provienen de una época donde el que está delante es un enemigo y nada más, alguien a quien eliminar, sin protocolos ni moralismos, fin.

En 1586, Toyotomi Hideyoshi sube al poder y comienza una reforma social completa. Prohibe la escala social, de modo que los campesinos no podían pasar a ser samurai y los samurai, por pobres que fuesen, no podían pasar a ser campesinos, de modo que el rango de samurai se vuelve hereditario (a pesar de que alguien podía ser nombrado samurai por el shogun, como es el caso de William Adams o los Shinsengumi) . Obliga a los samurai a abandonar sus hogares para mudarse a las ciudades-castillo y prohibe la movilidad por el país salvo que se tenga permiso específico para ello, favoreciendo cierta estabilidad en todos los niveles, militar, social y económico. En esta época, la diferencia entre samurai y no-samurai era tan fina que casi cualquier campesino varón pertenecía a alguna organización militar. Las únicas familias samurai que quedaron autorizadas después del s.XVII fueron aquellas que siguieron a Oda, Toyotomi y Tokugawa.

Tras finalizar el Sengoku Jidai en 1615, se establece un período de paz que durará hasta el final de período Tokugawa en 1868, la casta samurai pierde su razón de ser. Nacida por y para el confrontamiento bélico, una vez unificado Japón bajo un único señor, sin guerras, miles de samurai se quedan sin trabajo. En este momento, comienza una modificación de todo lo que implica ser samurai, convirtiéndose principalmente en sirvientes del Daimyō y cargos públicos. Servían en el castillo, ejercían de guardias, llevaban las cuentas, se convirtieron en instructores de lucha y similares. Una vez estos puestos, junto con los de gobernadores de regiones y otros puestos políticos, estaban cubiertos, el resto de samurai provenientes del Sengoku Jidai (que podían ser perfectamente el 90%) quedaron sin trabajo, muchos de ellos limitándose a crear escuelas de lucha en ciudades y regiones lejanas, otros buscaban empleos como buenamente podían y, finalmente, los que peor suerte tenían, caían en el mundo de los bajos fondos y la delincuencia.

Es en esta época de paz, reforma e introspección que la casta samurai comienza a ser lo que hoy día concebimos como samurai. Aunque el estudio de Confucio y El arte de la guerra, entre algunos otros clásicos, ya se daban desde antes, es ahora cuando se profundiza en todo el zen, los haiku, el shodō, el desarrollo personal y el entrenamiento para alcanzar la iluminación y el summun de la técnica. Es ahora cuando comienza a surgir, aunque levemente, la idea de Budō (武道) frente al bujutsu (武術). Aún era importante la práctica por la efectividad, pues se daban duelos, torneos, además de asaltos de bandidos en los caminos y similares, pero es aquí donde los samurai, por un lado, abandonan las vías de la guerra para comenzar a adoptar, por otro, un camino más introspectivo y espiritual. De hecho, algunas de las grandes obras del período, como el Hagakure mencionado anteriormente, así como historias y novelas de la época, hablarán de los tiempos de guerra con nostalgia y como envidiables, maldiciendo esa época de paz y 'afeminamiento' que le ha tocado vivir al samurai. Es en esta época también donde comienzan a dejarse de lado muchas técnicas de las ryū-ha por considerarse demasiado violentas, toscas o poco atractivas, favoreciéndose modos de combate más 'deportivos' (honorables) y criticándose ciertas actitudes, como podían ser lanzar tierra a los ojos o similares. Pero hasta esta época, durante el Sengoku Jidai o incluso en la época de Miyamoto Musashi, una de las figuras clave y más admiradas en lo referente a los samurai, absolutamente todo valía en el combate, incluso atacar a tu rival desprevenido y sin previo saludo (de hecho, así gana Musashi su primer duelo siendo un niño). No existía nada así como el 'duelo honorable' o las 'técnicas deshonrosas' hasta bien asentado el período Tokugawa. Aún así, cabe apuntar que, como todo, sigue siendo una visión idealizada y romántica del samurai el pensar que en esta época eran todo honorables y benevolentes, pues como en todas partes existían samurai corruptos, crueles, explotadores y abusadores que ascendían a posiciones de poder mediante engaños y pisoteando a otros. Como ya he mencionado, realmente no existía un código común de conducta del samurai y hacer alusión a este era algo bastante ambiguo y libre a interpretación.

A pesar de esto, realmente, no hay indicios de ningún texto que hable sobre el famoso Bushidō (武士道) ni de las 7 virtudes de los samurai. Más aún, incluso el mismo Hagakure pasó bastante desapercibido hasta que, ya en la era Meiji (1868-1912), se usó como herramienta política para favorecer el nacionalismo japonés frente a las demás naciones, sobre todo tras la derrota en la Segunda Guerra Mundial. No es hasta 1900 que Nitobe Inazo escribe, en EEUU, un libro llamado 'Bushidō: The soul of Japan' que ilustra las supuestas virtudes del samurai y el código de honor de estos y de todo Japón, comparándolo de algún modo con el cristianismo. Es este el primer escrito que consta sobre el Bushidō como tal y las virtudes del samurai, quizá basado y extraído de ideas de textos antiguos e historias, pero hasta ese momento no existía nada de 'las 7 virtudes de los samurai' ni su código de honor, más allá de lo escrito por Yamamoto Tsunemoto y Daidōji Yūzan y algún escrito más.

Podemos resumir, por lo tanto, que samurai (侍) era un título nobiliario otorgado y heredado, que podía o no llevar de la mano el conocimiento de artes de lucha, y que su desarrollo como guerreros cultos, con introspección y mundo interior y honorabilidad comienza en el s.XVII durante los períodos de paz, mientras que anteriormente su principal preocupación era la guerra y ser los mejores en esta y que, hasta bien entrado el período Tokugawa, no había nada como tácticas o técnicas deshonrosas, ni en el combate ni en la guerra.

Como detalle, añadir por lo tanto que, aunque Ghost of Tsushima es un juego bastante bueno, con una trama entretenida y unos paisajes espectaculares, a nivel histórico el juego es extremadamente inexacto, pues los samurai como guerreros honorables no existían en esa época (borrando de golpe toda la base de la trama, que es que el protagonista utiliza 'estrategias deshonrosas' e insinuando que es el surgimiento del primer ninja exclusivamente por esto), la katana no existía en aquel entonces (usaban el tachi, y no era el arma principal del samurai, si no el arco y la lanza) y, además, el tachi era ineficaz contra las armaduras mongolas, una de las cosas que desencadeno la derrota de los samurai en dicha invasión.

Y con esto finaliza la primera parte sobre este artículo. La segunda parte, sobre los ninja, la tendréis disponible en el siguiente artículo. Espero os haya gustado y haya resuelto algunas dudas sobre el concepto de samurai y su código de honor.